A Isaak Yúdovich Ozímov, más conocido como Isaac Asimov, lo leí por primera vez en años pretéritos a decir verdad por el recurrente accidente que de cierto modo es entendible en cuanto a la vinculación que tiene la literatura de terror de los viejos pulp con la literatura de ciencia ficción. Se trataba de una antología en la que destacaban relatos cortos tanto del exquisito Clark Ashton Smith, como del desenfrenado Robert Howard. En algún momento de los siempre deliciosos prólogos que nos introducen los recopiladores de este tipo de antologías de terror científico, un narrador mencionó a Asimov como una fuente desde donde se podrían entender los devenires del cosmos en voz de alguien adscrito al mundo literario, pero también, al mundo de la ciencia. Intrigado por las puertas abiertas que los buenos prólogos siempre deben dejar a manera de invitación, me aventuré, para saciar la natural curiosidad y, de esa manera, leí algunas recopilaciones de relatos cortos que Asimov emprendió d...
Menandro, todo luces y pinceladas fugaces que destellan la insinuación latente de un fresco del ser ad perpetuam, en un memorable e inmarcesible pasaje de “ El díscolo ” aventura sobre la pérfida enfermedad que se asocia al poseedor abyecto y febril de dinero lo siguiente: “ Hablas de dinero, que es cosa inestable. Si estás seguro de que tú contarás siempre con él, guárdalo sin repartirlo con nadie. Pero si tú no eres su dispensador y si todo se lo debes, no a ti mismo, sino a la suerte, no te niegues, padre mío, a ser pródigo. Esta diosa (fortuna), va quizá a quitártelo todo para dárselo a algún otro que no lo merezca. Por eso yo afirmo que, mientras seas su poseedor, tienes que servirte de él con generosidad, ayudar a todos, enriquecer por tus propios medios al mayor número posible de gentes. He ahí un tesoro imperecedero. Y si alguna vez experimentas un revés de fortuna, en ello hallarás tu resarcimiento. Más vale contar con un amigo verdadero que con riquezas escondidas que se...