Cada vez que se anuncia el advenimiento imparable de la navidad las personas corren a decorar sus casas con los recurrentes utensilios resguardados en las mismas cajas de siempre, las sacan del desván que ha esperado pacientemente los meses de olvido, y de ellas extraen decoraciones nuevas y dañadas, luces con falencias en su intermitencia que luego son reparadas por oficiosos señores que en diciembre se vuelven expertos en instalaciones e "ingeniería" navideñas y se sacan los repetibles muñecos antiguos que aún preservan el olor de añejas navidades que por supuesto no volverán. Luego se viste/construye el tradicional y anglosajón árbol de navidad que a veces trae “nieve” en sus ramificaciones, una nieve a la nuestra, muy criolla: pintada. Otros desempolvan los manteles de la mesa de comer que llevan una imagen recurrente de un obeso papá Noel sonriente y amigable que cruza el cielo nocturno mientras fustiga a los renos para que lo impulsen, retornan las sábanas con...