Imagen tomada de Fraternity (2011), Juan Díaz Canales - José Luis Munera. Los que han estado atentos al desarrollo y evolución del cómic en las últimas décadas habrán notado con gran satisfacción que el formato se ha quitado de a poco ese absurdo rotulo que se le imponía fácilmente y menudo ante la indignante mirada de muchos, el de una obra exclusivamente para niños. Obviamente no ha sido sencillo deslindarse de esa orientación ciega, generalizadora y engreída que ha imperado desde hace mucho tiempo en nuestras sociedades y que de paso ha diseminado unas redes de juicios sobre el llamado noveno arte que aún pesan sobre los creadores, lectores y editores de este medio. Las anteriores valoraciones tendientes a minimizar la capacidad transformadora, creativa, indagadora, metafórica y social del cómic así como de sus equivalentes regionales (sátira victoriana, manga en Japón, caricaturas de una página) nacieron por boca y pluma de personas que no se atrevieron a ver algo m...