Indoctos a Musis et Gratiis abesse.
(Los incultos están lejos de las musas y las gracias.)
(Los incultos están lejos de las musas y las gracias.)
La frase anteriormente citada proviene de un antiguo y popular refrán de la Grecia clásica, esta vez llega a nosotros mediante una versión latinizada adelantada por los romanos. Su mensaje es claro si nos desviamos de la evidente lectura literal; nos indica que no todos han sido tocados por las armoniosas manos de las musas, ergo del exquisito talento para crear arte. Lo cual supone una clara división tal vez guíada por el fatum entre los hombres, reglamentada en si éstos han contado con su esperado favor o no. Esto permite pensar en una clara disposición de carácter divina que ciertas personas sensibles a las artes poseían y por lo cual eran admiradas en el mundo grecorromano. Las musas eran el genio que hacía posible al arte y a las que solo unos pocos elegidos podían escuchar. No es gratuito que la palabra "música" tenga familiaridad con "Mousiké", es decir, el don de la divinidad y la voz sagrada.
No está claro si la invocación introductoria que a ellas se hace en los grandes relatos de la antigüedad sea un recurso estilístico propio de la épica, o por el contrario, una verdadera y humilde declaración de ayuda a las nueve semidiosas alentada por una creencia extraña y oculta que ciertos artistas sentían cuando se hallaban en la sublimidad de sus composiciones (Según Hesiodo eran nueve musas: Clío, Euterpe, Talía, Melpómene, Terpsícore, Erato, Polimnia, Urania y Calíope), lo cierto, es que la figura de las musas es tan poderosa que no mencionarlas en la entrada y el corpus de las obras era una ofensa para el arte, se debía contar con el soplo hechizado que solo ellas poseían para hacer digna una creación humana. Mas mucho se sospecha que en realidad si habían poetas y cantantes que no desechaban del todo la idea poética de su existencia a pesar de que la mayoría las vieran como bellos "adornos" que engalanaban el arte, opinión sugerida en entre líneas por Walter E. Otto (1954). Después de todo, ¿no es acaso más simbólica la vida del arte si creemos en la existencia de las musas? A continuación, algunas de las invocaciones más famosas que se han hecho a las musas:
“Canta, oh diosa, la cólera del pélido Aquiles”.
Homero. La Ilíada.
Homero. La Ilíada.
El gran poeta jónico, preferido de las musas de las cuales se percibe solo como el transmisor del canto que ellas entonan (los sucesos de la Ilíada), se rinde ante la inmensa sabiduría de las semidiosas y les concede la preponderancia de ser las autoras innegables del relato:
“Vosotras sois diosas, vosotras estáis presentes en todo, vosotras sabéis todo, en tanto que nosotros, nosotros no pretendemos más que la fama e ignoramos las cosas mismas.”
Detengamonos en otras célebres invocaciones del mundo antiguo occidental:
"Oh, soberano que reinas en Pito. (...)
Envía a mi alma una voz veraz, para que yo proclame a los mortales dispersos un canto sonoro, de acuerdo con los mandatos de la Musa y la ayuda de mi sólida lira."
Arganáuticas Órficas, tomada de Porfirio.
Envía a mi alma una voz veraz, para que yo proclame a los mortales dispersos un canto sonoro, de acuerdo con los mandatos de la Musa y la ayuda de mi sólida lira."
Arganáuticas Órficas, tomada de Porfirio.
"También reclamo a la amable Mnemósine, a las nueve Musas sagradas, a las Gracias, a las Horas, al Año, a Leto de hermosos bucles; a la venerable Tía."
Introducción de los Himnos órficos.
Introducción de los Himnos órficos.
"Musa, recuérdame por qué causas, dime por cuál numen agraviado, por cuál ofensa, la reina de los dioses impulsó a un varón insigne por su piedad a arrostrar tantas aventuras, a pasar tantos afanes."
La Eneida. Virgilio.
La Eneida. Virgilio.
A propósito de la designación de este talento asociado a las musas, el mundo grecorromano creía que cuando una abeja se paraba en la boca de un recién nacido era signo innegable de la bendición de las musas, por tanto, era probable que el párvulo se convirtiera en un gran poeta o en un gran músico en el futuro. Siguiendo con esta bella leyenda, es seguro entonces que cuando el gran músico y poeta de la antigüedad Orfeo vino a este mundo, una abeja hizo nido por unos mágicos segundos en sus labios, anunciándole la eternidad de su arte. Un arte que hasta el sol de hoy no ha pasado desapercibido debido a la enigmática figura que siempre acompañó a Orfeo; para unos un profeta, poeta, cantante, filósofo y poseedor de una valentía muy característica de los de su progenie. Orfeo, al que se señala entre otras cosas como el fundador del orfismo, también se constituye en una de las últimas figuras representativas del mundo helenistico que ha conmovido a escudriñadores de la historia, mitólogos y pesquisadores literarios por años. Quizá también debido al desgarrador final que de él se cuenta en la versión más aceptada de su "muerte"; la historia de su desgraciada decapitación a manos de unas mujeres devotas del dios Dioniso (ménades) y de su cabeza cantando en medio de una perenne agonía que alejaba a la muerte. ¿Tal vez su ejemplo sea una alegoría del arte venciendo a la muerte? Sobre su fin, el poeta Virgilio (citado por Guhtrie en El orfismo y la religión griega, 1966) escribió:
"Inter sacra deum nocturnique orgia bacchi discerptum latos invenem sparsere per agros."
(Entre los ritos sagrados y la orgia de Baco nocturno dispersaron los miembros del joven por los vastos campos.)
Fánocles de Alejandría, Virgilio y Ovidio tenían otra versión curiosa de su salvaje desmembramiento que también nos llega de la mano del mitólogo romano Higino, un escritor que sugiere muy a menudo giros interesantes en las tramas de los mitos griegos, como aquella que versa sobre la muerte de Aquiles a manos de Febo (Apolo) transformado en Paris. Sobre Orfeo escribió algunas versiones de su fin, como la siguiente aparecida en Astronomía poética en su versión inglesa:
"Some say that because Orpheus first favored love for youths, he seemed to insult women, and for this reason they killed him."
(Algunos dicen que debido a que Orfeo favoreció primero el amor hacia los jóvenes, esto se tomó como un insulto a las mujeres, y por esta razón ellas lo mataron.)
La verdad es que no han faltado las versiones que apuntan hacia un posible comportamiento homosexual por parte de Orfeo, generando como consecuencia de ello según muchas traciones añejas el inicio "mitológico" del amor homosexual en el mundo. Pues tal y como se lo señala como el inventor del metro heróico , la agricultura, las composiciones musicales al universo y el alfabeto, también se le atribuye el inicio de la fijación amorosa hacia las personas del mismo sexo, hecho que derivó en su descuartizamiento. En un artículo llamado Orfeo y el orfismo en la obra de Cortázar (1985), Graciela Coulson comenta sobre este asunto lo siguiente: "...Tendencias homosexuales: Orfeo atrae con su música a los tracios separándolos de sus esposas, o bien se enamora del joven Calais y rechaza a las mujeres." Sea cual fuere el caso, la relación de Orfeo con el gusto a los hombres bien podría justificarse según la leyenda por el compromiso de no tener a otra mujer después de su difunta esposa Euridice. También cabe anotar que Orfeo es quizá uno de los semidioses más débiles en cuanto a fuerza física del mundo griego. Lo anterior, debido a su reconocido gusto por otras artes y modos de relacionarse con su mundo; pues la lira que suele tocar emana paz y armonía mientras el coro es embellecido por la presencia de docenas de pájaros que acuden a su alrededor, además, los senderos que recorría siempre estaban marcados por la admiración de los mortales hacia él y los sentimientos alejados a aquellos que inflan la lid. Se trata de un héroe distinto, y en esa medida se explica mucho de su comportamiento irreverente. Guhtrie (1966) cita un trabajo de Kern para hacer patente esta característica "débil" de Orfeo en el momento en que éste es escogido para formar parte del épico viaje de los argonautas: "Es un problema - dice el escoliasta comentando la introducción de Orfeo en Apolonio - por qué un débil como Orfeo viajó con los héroes. Fue porque Quirón, con su don de profecía, les dijo que si llevaban a Orfeo serían capaces de pasar las sirenas."
Más extraño aún que su salvaje desmembramiento, es el paradero de su cabeza, se dice que fue por el mar hasta la isla de Lesbos en donde se le agasajó en un templo destinado a la adivinación (oráculo). Allí la cabeza de Orfeo se dedicó a las artes adivinatorias hasta que por ordenanza de Apolo fue enterrada en algún lugar de la isla. Dicha ínsula, patria de la poetisa Safo y de sus discípulas, se haría famosa por la etimología de una palabra ligada a la homosexualidad: Lesbianismo. Otras versiones sobre la suerte de la cabeza cantante afirman que simplemente fue hallada y enterrada, y las demás partes de su cuerpo fueron repartidas y conservadas en santuarios que pretendían seguir con su "legado". Orfeo era hijo de la musa Calíope y Apolo, o de Oegrus, o algún mortal (las versiones son muchas), y desde muy pequeño tuvo inclinaciones artísticas que lo llevaron a ser un seguidor más de Apolo, huelga decir que más tarde se le asigna un parentesco mucho más cercano a la figura del dios Dioniso / Baco tal vez porque el crecimiento del culto a este dios y su popularidad de alguna manera hizo que Orfeo entrara en su órbita. Se le llegó a considerar un theológos de la religión griega junto a Hesiodo, de hecho los neoplatónicos y otros filósofos tardíos que defendían el mundo helenístico de las garras expansionistas del cristianismo, consideraban a Orfeo como uno de los autores de esos relatos míticos. Se ha escrito también que fue el autor de la Teogonía Rapsódica, un texto particular que sirvió de base para entender las teogonías del mundo antiguo y para fomentar más un posible culto a su figura, en ella se postula que las generaciones de dioses son: Fanes, Noche, Urano, Zeus y Dioniso (Resaltando así la figura de Dioniso y por extensión la de él en el mundo).
De acuerdo a lo anterior, está claro que la teogonía que canta Orfeo es diferente a las otras que nos han llegado y que se han configurado como canon; esta diferencia se palpita en el contenido "místico" de los himnos a los cuales se les ha atribuído su autoría, principalmente en relación a los himnos dedicados a Primogénito, Dioniso y la Noche. Empero, y a pesar de lo poético que puede ser considerar al legendario Orfeo como el autor de los himnos o el curioso relato alternativo de la expedición de los argonautas, M.L.S West, 1983, (citado por Miguel Periago Llorente. 1987) sospecha que los himnos provienen en realidad de los siglos III o IV de nuestra era. Es decir, una época tardía en la que agonizaba el mundo helenístico y en donde confluían corrientes de pensamiento neoplatónicos, estoicos y místicos del medio oriente principalmente, por no mencionar la importante prensencia del conjunto de creencias judeo-cristianas. Miguel Periago Llorente en una nota de pie de página de su traducción de los himnos anota: "Al parecer, estos himnos pertenecieron a una comunidad religiosa cuyos iniciados (mýstai, mystipóloi) los utilizaron en plegarias, sacrificios, libaciones y, quizá, ceremonias secretas, para invocar la presencia de la deidad en cuestión, a fin de que se les concediera (...) bienestar, salud, paz y un feliz final de vida." Dada la naturaleza de ritual que estos himnos poseían para ciertas comunidades, no es de extrañar que cuenten con una estructura bien definida, si se toma el himno XI dedicado a Pan leeremos una exaltación jubilosa de las características de esta deidad como preámbulo del "canto":
De acuerdo a lo anterior, está claro que la teogonía que canta Orfeo es diferente a las otras que nos han llegado y que se han configurado como canon; esta diferencia se palpita en el contenido "místico" de los himnos a los cuales se les ha atribuído su autoría, principalmente en relación a los himnos dedicados a Primogénito, Dioniso y la Noche. Empero, y a pesar de lo poético que puede ser considerar al legendario Orfeo como el autor de los himnos o el curioso relato alternativo de la expedición de los argonautas, M.L.S West, 1983, (citado por Miguel Periago Llorente. 1987) sospecha que los himnos provienen en realidad de los siglos III o IV de nuestra era. Es decir, una época tardía en la que agonizaba el mundo helenístico y en donde confluían corrientes de pensamiento neoplatónicos, estoicos y místicos del medio oriente principalmente, por no mencionar la importante prensencia del conjunto de creencias judeo-cristianas. Miguel Periago Llorente en una nota de pie de página de su traducción de los himnos anota: "Al parecer, estos himnos pertenecieron a una comunidad religiosa cuyos iniciados (mýstai, mystipóloi) los utilizaron en plegarias, sacrificios, libaciones y, quizá, ceremonias secretas, para invocar la presencia de la deidad en cuestión, a fin de que se les concediera (...) bienestar, salud, paz y un feliz final de vida." Dada la naturaleza de ritual que estos himnos poseían para ciertas comunidades, no es de extrañar que cuenten con una estructura bien definida, si se toma el himno XI dedicado a Pan leeremos una exaltación jubilosa de las características de esta deidad como preámbulo del "canto":
Invoco al poderoso Pan (...) Ven afortunado danzante,
envolvente, que reinas al unísono de las Estaciones.
De miembros de cabra y entregado a los delirios báquicos,
que gustas de la inspiración divina y vives de la intemperie.
Luego de más líneas repletas de orgullo por el llamamiento de Pan, el himno (como todos) no se ahorra un pedido al dios de patas y cuernos de cabra, y con esto se cierra el himno haciendo una alusión a una deseada muerte en medio del goce y el disfrute:
Ven a nuestras piadosas libaciones y otorga un grato
final de vida, desviando la locura de Pan a los confines
de la tierra.
La misma estructura de libación alegre y confiada se percibe en la introducción del himno LXXVI dedicado a las Musas, cómo no:
(...) Nutridoras del alma, ordenadoras del pensamiento, soberanas
conductoras de la mente vigorosa. Vosotras que disteis a conocer
a los mortales los misterios rituales (...)
Al igual que con el himno dedicado a Pan, el himno a las Musas cierra con una petición a la deidad a la cual se le "canta". En esta ocasión se les pide que guíen las manos de los artistas que intentan arañar algo de la sublimidad del arte. Se hace patente que las musas poseen y crean el arte, mientras que los hombres solo intentan emular parte de lo que ellas hacen:
(...) Venid por favor, para vuestros iniciados, multicolores y castas,
aportando una emulación gloriosa, deseada y por muchos
celebrada.
La duda sobre la autoría de estos himnos aún permanece, lo cierto es que no se puede negar la importancia que estos textos tienen para los investigadores de la literatura y las culturas antiguas en aras de conocer las maneras como las creyentes de estas deidades manifestaban sus devociones tomando la voz de Orfeo y dejándose llevar, a su vez, por el consejo de las musas. En efecto, antes de la entonación de cada himno se nos presenta un consejo que debe seguir la persona que busque los favores de los dioses; para cantarle a la Naturaleza se sugiere prender incienso oloroso, para invocar los favores de Hefestos: Incienso, maná de incienso, para celebrar el aniversario de Baco: "Todo tipo de ofrendas, excepto resina de incienso; ofréndale leche"...etc. Si la figura de Orfeo fue usada por algunas poetas para alimentar más su leyenda, o simplemente por creer que en sus líneas estaban impresas parte de las pulsaciones de los ecos que alguna vez emitió el arpa de este semidiós, seguirá siendo materia de estudio. Lo concluyente sobre este asunto es que los himnos se han perfilado como un compendium de textos que denotan el sentir de una época que estaba culminando, y que le daba paso a una que se cimentaba sobre la sangre de un judío sacrificado por los hombres en la cruz.
Diego Alejandro Hio
Diego Alejandro Hio



Comentarios
Publicar un comentario