No es secreto que el arte religioso a lo largo de los últimos años ha pasado desapercibido por numerosos artistas a la hora de construir imaginarios pictóricos en base a sus diversos temas. Ya no es el arte religioso el punto nodal desde donde parten propuestas estéticas capaces de transformar el rumbo del arte y con ello apreciarlo, contemplarlo y analizarlo. Atrás en el tiempo, parecen quedar esas asombrosas muestras de maestría de los antiguos artistas que con un tema bíblico infringían normas técnicas y estéticas para luego sentar un canon imperecedero que áun conmueve a los espectadores por la sutileza y precisión con la que fueron ejecutas y pensadas esas obras. Tiziano, Leonardo, el mismo caravaggio, Rubens entre otros grandes maestros que supieron ver en los temas biblícos maneras de sentir a la propia humanidad de su tiempo, parecen observarnos mediante sus cuadros y recordarnos los conmovedores caminos eternos del arte pictórico occidental no prehispánico. Por supuesto, Alberto Durero o Lucas Cranach el viejo, hacen parte también de esos grandes expositores del arte religioso que de vez en cuando son retomados por algún pintor contemporáneo que pretende no dejar perder esa asombrosa semilla atrapadora que el arte religioso anterior a las vanguardias del siglo XX es capaz de sembrar. Lo anterior, sin desmerecer el invaluable aporte de los distintos movimientos pictóricos surgidos durante el siglo XX en todo occidente.
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El águila imperial romana acá es símbolo de poder |
Sobre la escena, un nubarrón oscuro contempla los acontecimientos en el monte Gólgota , mientras una tenue luz empieza a asomarse entre las tinieblas, quizá Jehová ha escuchado las palabras de su hijo. Al fondo, Dimas y Gestas, nombres que reciben los dos ladrones según algunos escritos apócrifos, se ubican en serie a la derecha y no a lado y lado de Cristo como sugieren los evangelios. De hecho, curiosamente el personaje importante en esta crucifixión según la ubicación es un ladrón por estar en la mitad, empero, el punto focal de la figura trascendental que nos señala Bisley sigue siendo Jesús. Al lado de Cristo, y merodeando con negra figura ecuestre se encuentra el centurión Longino con su amenazadora lanza y rostro cubierto en las sombras del yelmo imperial. El centurión romano es una metáfora del lento peregrinar de la muerte que se retira poco a poco luego de haber acometido su empresa; hecho que se refuerza con la presencia del cráneo humano que reposa sobre los pies del inmolado a beneficio de la humanidad. La tragedia sentida de las dolientes que se han resignado a aceptar la triste realidad del destino preescrito por Jehová se atavia representativamente con el negro de sus ropas mientras los soldados de la guardia romana de Judea lucen estoicamente indiferentes. Durante toda la serie de Bisley sobre la crucifixión se muestra a un Cristo que sufre por las laceraciones físicias pero que al mismo tiempo es consciente de su rol como personaje trágico porque conoce que ello hace parte de su existencia, así la tragedia como categoría estética según Sánchez Vázques "está en la realización de ciertos fines a los que no puede renunciarse, y está asimismo en el sacrificio que impone - con su fracaso, su derrota o su muerte - a los individuos concretos que, en unas condiciones históricas y sociales determinadas, los hacen suyos y luchas por realizarlos."
El lenguaje de la obra de Bisley en The Bible renueva de alguna manera el tratamiento pictórico que se le habían dado a los temas religiosos en la medida en que se apropia del lenguaje gráfico del cómic y se permite afortunadamente pasar por alto los cánones de proporción humana en la representación de las figuras (ni qué decir de la obviedad al homo ad quadratum y el homo ad circulum). No se precibe la repetición del tono heróico o conmovedor de gran maestría técnica de los representados propio de los academicistas franceses y demás pintores que seguían los postulados de Schmidt o Fritsh o de los manieristas (por citar a algunos solamente). Por el contrario, en Bisley hay tal transgresión del lenguaje bíblico en el dibujo que es capaz de dar una personalidad definida a cada personaje en medio del caos o de la aparente calma, y por tanto, hay evolución en la interpretación de los sucesos. Tanto es así que se permite licencias llamativas e indudablemente bellas como la siguiente:
Diego Alejandro Hio Rojas.
Bisley, S. (2004). The Bible. Norma Editorial, Madrid: España.
Sánchez, A. (1992). Invitación a la estética. Random House Mondadori, S.A, México D.F: México.
Bussagli, M. (2009). Anatomía artística. Panamericana Editorial Ltda, Bogotá D.C: Colombia.



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