“Puede
decirse que nuestro problema no consiste solamente ni principalmente en que no
seamos capaces de conquistar lo que nos proponemos, sino en aquello que nos
proponemos: que nuestra desgracia no está tanto en la frustración de nuestros
deseos, como en la forma misma de desear. Deseamos mal.
En
lugar de desear una relación humana inquietante, compleja y perdible, que
estimule nuestra capacidad de luchar y nos obligue a cambiar, deseamos un
idilio sin sombras y sin peligros, un nido de amor, y por lo tanto, en última
instancia un retorno al huevo. En vez de desear una sociedad en la que sea
realizable y necesario trabajar arduamente para hacer efectivas nuestras
posibilidades, deseamos un mundo de satisfacción, una monstruosa sala-cuna de
abundancia pasivamente recibida.” Elogio de la dificultad. Estanislao Zuleta
Quizá en el corto y
memorable ensayo de Estanislao Zuleta titulado "Elogio de la dificultad" se puedan hallar parte de las
premisas que todo skater de vocación se plantea a seguir cuando realmente ama
lo que hace. La analogía no es gratuita ni rebuscada, puesto que el delicioso
engorro y el sufrimiento de esta práctica hacen que la dificultad sea en sí un
paso disfrutable cuando los resultados salen a flote tras arduos intentos sin
el desenlace esperado. Bien sé que es jodido, pero a la larga se termina
aceptando que la dificultad es necesaria y hermosa. El autor del citado escrito postuló algunos
puntos de vista que para sociedades como las nuestras sirven de bálsamo a la
hora de ahuyentar las innumerables embestidas del macabro facilismo que
envuelto en diversas máscaras ha afectado de diversas maneras el constructo
social de estas frágiles sociedades remendadas una y otra vez por yerros
cíclicos promovidos por las poco altruistas, reaccionarias e influenciables
voces de sus diferentes sectores. El facilismo carcome a la sociedad, la
debilita y al mismo tiempo le brinda oportunidades al infame conformismo que finalmente
se encarga de otorgar el golpe final a la misma. Liberarnos de aquella
compleja situación resulta una labor trabajosa, debido al largo arraigo que las prácticas
sociales tienen en las comunidades. De tal manera que solo actuando en cada una
de ellas es posible iniciar un proceso alterno que salte por encima de la
normatividad mediocre en la que nos hemos visto sumidos. Algo que tiene
innegablemente ciertos tintes utópicos que algunos pueden llamar de estúpidos,
pero ¡bah! ¡Qué más da! Es allí donde el deporte, la ciencia y el arte se
presentan como leitmotivs adecuados para contrarrestar un status quo decadente
y permisivo...deportes, ciencias y artes de todo tipo, combinados o no. Esta
vez quiero escribir sobre el Skate, el deporte de mi corazón, y de cómo éste es
también un grito de libertad, dificultad y amor. Bien podría ser el Skate en si
mismo un bello "Elogio de la
dificultad".
Tony Hawk Pro Skate 4 fue un
juego de la franquicia de videojuegos del celebérrimo skater estadounidense; un
juego que se ha convertido en un clásico para los gamers de deportes extremos
no sólo por su jugabilidad sino por los adecuados soundtracks que tenía
incorporados. Dentro de estos soundtracks hay uno que no he podido olvidar
desde que lo escuché allá en mis tempraneros días encima del patín; días en los
que hacer el famoso truco de Alan Gelfand, más conocido como “ollie” era motivo
de festejo personal, así mi Ollie fuera terriblemente mal ejecutado, y pareciera más un "Ollie-shit". La canción
siempre me martilla el cerebro hasta estos días de aparente madurez y me sigue
induciendo al feroz grito de ¡FREEDOM! que su vocalista emite con sin igual
vigor. Se trata de "Seneca falls"
de la banda The Destillers. Una joya
aquilatada que contiene la energía, la voz y el encanto necesario para cantarle
a la primera convención americana de mujeres que luchaban en el siglo XIX por
los derechos que una rancia sociedad patriarcal y misógina les restringía. Para
mí, la canción es perfecta para el Skate y su mundo, hasta el punto de hallarla
en una perfecta y hermosa relación de simbiosis. Sin dudas un punto a favor de
Tony Hawk Pro Skater. Dicho cóctel de Skate virtual, música y juventud explotó inevitablemente
y me hizo amar la tabla hasta el día de hoy en que escribo estas palabras
llenas de orgullo y nostalgia. Por tanto, un agradecimiento al gran Tony Hawk.
Siempre he sido
"goofy" a pesar de que pretendía ser "regular" para no
quedar mal ante un grupo de skaters que solo eran "regulares" durante
mi temprana adolescencia. Cuando se
dieron cuenta que era goofy se alegraron para sorpresa mía mientras hacían caso omiso a mis trucos sobre la tabla
que no variaban ni varían más allá del
Ollie, Nollie y algunos pop shovits normales y otros pocos accidentados de 180°.
Aquellos eran días en donde nos tomábamos las calles con nuestras tablas
raspadas, las gorras planas destejidas por el desenfrenado uso que les dábamos, las bermudas carcomidas, las suelas de los zapatos a punto de claudicar ante el implacable hambre del asfalto, los trucks desencajados, algunas canciones que nos idiotizaban amenamente como "All the small things" de Blink 182 y una que otra mirada recriminadora proveniente de los
vecinos, guardas de seguridad y alguno al cual seguramente no se le
podía escapar la palabra “vagos” al vernos sobe las tablas. Eran años de Skate-Punk,
accidentes que provocaban un gran dolor pero que aceptábamos del mismo modo
como los cristianos resistían orgullosamente el dolor que sufrían a manos de Diocleciano
y de otros tantos de su clase. También eran tiempos de intentar buscar una identidad
grupal mediante el deporte, uno que estuviera por fuera del fútbol y que
generara mucha camaradería…el Skate fue la respuesta que hallé afortunadamente
a pesar de haberme roto el tabique en el primer ollie que hice y luego aguantarme los quizá "merecidos" regaños de mi mamá…porque
como lo dice Hawk, el Skate es más un estilo de vida que cualquier otra cosa:
I consider skateboarding an art
form, a lifestyle and a sport. 'Action sport' would be the least offensive
categorization.
No contábamos con algún
Skatepark a la mano por la ya clásica negligencia de las entidades públicas
para otorgar espacios adecuados para el deporte. Pero nos la “rebuscábamos” con
algunas pendientes, vallas, escaleras o tubos metálicos que encontrábamos en
nuestros recorridos por la ciudad. El skate es eso, hacer arte con pocos
recursos y andar por la delgada línea de la mágica estupidez y la genialidad.
En el skate los insanos exquisitos se lanzan de forma kamikaze por amor a
completar la faena que brota de sus pasiones más puras. Siempre he creído que
hay cierta dosis de fina lírica y testarudez catártica al hacernos partícipes
de una u otra manera de esta sublime práctica. Solo de esa forma entiendo al
skate, solo concibiéndolo así puede uno decir que ha sido afectado por un
estilo de vida frenético y arrojado como la música de Ramones acorde con el continuo viaje de las ruedas de la tabla. Hay
dificultad, ¡Pero vaya, qué dificultad! ¿Si la cruel tauromaquia es arte para
sus aficionados, qué será entonces el irreverente skate para aquellos que lo
amamos? El paraíso. Ciertamente el paraíso sería poco. Ahora, cuando observo mi pasado con ojos de cansancio me embargan las añoranzas al remembrar lo feliz e inocente que era sobre la skateboard; creíamos devorar el mundo sobre aquellas desgastadas cuatro ruedas y acreditarnos los locos que todo lo podían mientras arriesgábamos con el necesario descaro nuestra integridad física. El grito de "Freedom" de Seneca Falls tenía mucha cabida en nuestros corazones en la medida que seguíamos el famoso lema: Skate & Destroy.
A pesar de estar alejado de la tabla por muchos motivos asociados con los aprietos burocráticos de esta postmodernidad repleta de estrés el amor persiste, es el cariño que nunca se extingue y que por el contrario se va convirtiendo en parte entrañable de ti porque te causa muchos y buenos recuerdos. Pero ante todo, las enseñanzas de este estilo de vida han sido las que más he agradecido a la existencia. Gracias al skate aprendí que no todo es fácil, que siempre hay que caer, romperse el culo para superar una prueba y seguir entrenando para estar más allá de las posibilidades que creíamos como límite final de nuestras capacidades. Porque no se necesita ser grande para comenzar, pero si se quiere ser grande se debe aprender a caer sin vergüenza e intentarlo hasta el final, nada es sencillo y lo que fácil llega de esa forma se puede ir. Increíble como un deporte californiano, hermanado con el Surf pueda producirte tantas alegrías, e increíble lo pobre que resulta este "elogio" para tan grato estilo de vida. Indulgencias para ti querido Skateboarding pero siento que eres más grande cuando te siento y te veo que cuando te escribo, pues bien es sabido que las palabras limitan nuestro mundo y tú no tienes nada de "límites". ¡Skate & Destroy forever!
A pesar de estar alejado de la tabla por muchos motivos asociados con los aprietos burocráticos de esta postmodernidad repleta de estrés el amor persiste, es el cariño que nunca se extingue y que por el contrario se va convirtiendo en parte entrañable de ti porque te causa muchos y buenos recuerdos. Pero ante todo, las enseñanzas de este estilo de vida han sido las que más he agradecido a la existencia. Gracias al skate aprendí que no todo es fácil, que siempre hay que caer, romperse el culo para superar una prueba y seguir entrenando para estar más allá de las posibilidades que creíamos como límite final de nuestras capacidades. Porque no se necesita ser grande para comenzar, pero si se quiere ser grande se debe aprender a caer sin vergüenza e intentarlo hasta el final, nada es sencillo y lo que fácil llega de esa forma se puede ir. Increíble como un deporte californiano, hermanado con el Surf pueda producirte tantas alegrías, e increíble lo pobre que resulta este "elogio" para tan grato estilo de vida. Indulgencias para ti querido Skateboarding pero siento que eres más grande cuando te siento y te veo que cuando te escribo, pues bien es sabido que las palabras limitan nuestro mundo y tú no tienes nada de "límites". ¡Skate & Destroy forever!
DIEGO ALEJANDRO HIO R.


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