Gaston Paris “maestro
de Morel-Fatio y primer romanista de Francia” como lo describe F. Vallejo
en El cuervo blanco (2011) le
agradecía en cierta misiva al sabio Rufino J. Cuervo por las nociones que éste le daba en otra carta
acerca de las palabras castellanas “Huerco” y “Huergo”. Rufino Cuervo como buen
estudioso del lenguaje que era - sino el mejor – seguramente le envió casi un
libro completo con las anotaciones correspondientes al origen, semántica y uso
literal y escritural de las palabras, además de sus semejanzas con otras equivalentes
en las lenguas cognadas. Obnubilado por aquel
corto y memorable pasaje del citado libro
partió la presente curiosidad sobre las palabras “extrañas” y por extensión
sobre el estudio de la gramática (gramáticas de idiomas antiguos), tema al que rinde homenaje quiéralo o no
Fernando Vallejo en su libro. De estas
palabras, Huerco y Huerco en su
principal y más usada variante contemporánea “Orco” mucho se ha dicho y
consignado por escrito en años recientes quizá por la creciente ola de
literatura fantástica frecuentemente tediosa propiciada por el éxito rotundo de
entregas como The lord of the rings
(2001) y The Hobbit (2012) en sus
respectivas adaptaciones al séptimo arte. Ambas, obras del escrupuloso filólogo y
profesor de inglés medieval J. R.R. Tolkien (un grande). Caben resaltar
de este celebérrimo autor también las notables y menos nombradas traducciones al inglés moderno de Sir Gwain y el caballero verde (1925) y Beowulf (terminada en 1926) además de su propicia
conferencia Sobre los cuentos de hadas
(1947). No obstante la acepción contemporánea de la palabra orco, ésta para
griegos, romanos y académicos de lenguas clásicas asumió y asume para los
últimos otro significado definitivamente ligado al mito nacido en Grecia. En
cuanto a huerco y huergo el asunto es un tanto más complejo y requiere de un
internamiento en la maraña dinámica de la historia de las palabras, ergo de la
lengua.
Mencionar a Rufino Cuervo de por sí ya nos obliga a hablar
irremediablemente de gramáticas y diccionarios, - palabras hermosas que
arrastran añejos proyectos románticos tan olvidados por estos años – quizá en
este momento no con la necesaria rigurosidad que un autor de su talla requiere
porque su pensamiento y obra es tan inmensa que pareciera corta esta vida para
hacer un análisis justo de sus proezas como el
preboste filólogo colombiano que se ha convertido desde vieja data. Su
sola alusión de entrada ya nos sugiere al igual que mencionar a “monstruos”
como Shakespeare o Whitman (en literatura) que difícilmente volverá a nacer
otro como él. Pero no son las gramáticas
de la lengua castellana el asunto central de este escrito, puesto que éstas
harto ya han sido estudiadas y debatidas por personas de conocimiento
competente para tal fin; haciendo la clara salvedad que R. Cuervo con su Diccionario de régimen y construcción de la
lengua castellana erigió con gran esfuerzo el mejor diccionario y a la vez
la mejor gramática de este movedizo idioma (excusarán mi “Cuervolatría”).
Trabajo que García Márquez epitimó como “Poesía de las letras” en tiempos de su
publicación final.
Sí algo nos han enseñado los grandes tratados de gramática
que algunos admirables y heroicos “santos” han elaborado a lo largo de las
centurias es que estos trabajos nunca están totalmente acabados justamente
por la escurridiza materia de la que
tratan, y tal vez sea ésta una triste maldición perpetua. Una maldición que
está implícita en el mismo espíritu
libertino y endemoniado de las lenguas; ellas siempre nos están sugiriendo una
manera particular de pensar al mismo tiempo que inquieren los adentros de cada
persona, a no ser que éstas estén en franco declive o mal llamadas “muertas”. Lo anterior porque una lengua nunca muere,
solo se ausenta para reposar en arcos triunfales y bajo laureles de merecido
sosiego ad perpetuam. Intentar atrapar a una lengua bajo unas estrictas leyes
se convierte a mi parecer en un ejercicio de orden casi teológico porque las
acaudaladas corrientes de las lenguas no se detienen ni se dejan atrapar en
encasillamientos pasajeros. Esas corrientes desbordan tarde o temprano las bien
elaboradas represas artificiosas que las contienen muy a pesar de los más
avanzados métodos teóricos e investigativos. Es como el viento, se puede
atrapar tercamente una porción de él, pero resulta imposible capturar la
totalidad. Las gramáticas jugando a ser la biblia judeo-cristiana pretenden dictaminar
los respiros de las lenguas y aprisionar el pasado, presente y profetizar el
futuro de las mismas cuando perfectamente se sabe que al ser productos de la
variable especie humana, indudablemente están atadas a los caprichos mutables de
sus usuarios y por tanto una gramática nunca estará del todo culminada a pesar
de la bien lograda mampostería teórica allí involucrada.
No obstante la veracidad de lo antes expuesto, las
lenguas que se hallan en reposo como el latín o el antiguo egipcio han tenido en
los últimos siglos un avance grandioso en la consecución por parte de
latinistas y egiptólogos de magnos manuales y gramáticas de dichas lenguas. Por
un lado Séneca, Cicerón, Plauto, Tácito, Marco Aurelio, etcéterea y por el otro
las Historias de sinuhé, Las instrucciones de Amenemenhat I de Sehetepibra
Amenemhat, además de los grandes grabados de las monumentales construcciones de
Egipto, todos han vuelto a cobrar relevancia porque su voz ha sido recuperada
en sus peculiaridades idiomáticas de un modo hermoso. Vivos trabajos de
entusiastas de la lengua del lacio como
Wilfried Stroh y de admiradores de la lengua del Nilo como el español
Francisco Martín Valentín han dejado
entrever que el movimiento para la recuperación, entendimiento y expansión de
estas lenguas tiene grandes adeptos que asumen una bella lucha contra el olvido.
Alguna vez le escuché a alguien decir que batallar a favor de animales, lenguas
“muertas” y la preservación de la gloria de algunos difuntos es tarea de
sensibles y alocados.
El excelso Hans Ørberg, gran didacta danés de abnegado
espíritu trabajador, hizo de la enseñanza de la lengua latina su profesión y
por ello será recordado entre los pocos latinistas que aún llevan a cuestas el
alma de la lengua de Roma. De él tengo
dos obras suyas que rara vez ojeo hoy en día pero que en el pasado fueron muy
apreciadas: Lingua latina per se
illustrata y Roma Aeterna. Los
dos trabajos editados en Dinamarca son valiosos ejemplos de enseñanza
innovadora, dedicada y paciente; características irreprochables de un
apasionado profesor. Ambas surgidas (así
como toda su obra) en pleno movimiento “Lingua viva” cuyo quijotesco tema ha
logrado atraer a varios discípulos contemporáneos puesto que pretende restaurar
o revivir el latín del mismo modo como los judíos revitalizaron al hebreo luego
de los sucesos del holocausto. El caso de Hans Ørberg se me asemeja al de
Gardiner, titánico ser que construyó la gramática del egipcio clásico más famosa
de cuantas se han hecho en 1928. Anotar que es la más famosa no precisamente
quiere decir que sea la mejor, pues el trabajo de Lefebvre con su Grammaire de L’Egyptien Classique (El
Cairo 1940) es sensacional, pero al leer la gramática de A.H. Gardiner uno
entiende el porqué de su trascendencia, es magistral muy a pesar de lo compleja
que es para alguien que como yo no tiene la competencia necesaria para
internarse en el espléndido y monumental idioma escrito de Egipto. No obstante,
y además de su eurocentrismo es en muchos puntos tan complicada incluso para
los expertos que preferiría en primera instancia recomendar el aceptable
trabajo de M. Collier y B. Manley titulado Introducción
a los jeroglíficos egipcios. Esto para aquellos interesados en medio saber
algo de los provectos y borrascosos jeroglíficos y después de ello si
enfrentarse a la descomunal obra del egiptólogo británico. Para entender la influencia del ínclito
Gardiner en el complejo desarrollo del estudio de la lengua Egipcia he
traducido - so pena de los posibles errores que pudiera cometer- una parte del Ancient egyptian: A linguistic introduction
(1995) de Antonio Loprieno referente a los cuatro “estadios evolutivos” en
el estudio de la misma:
Una breve mirada a los
lingüistas del egipcio (léase Egipcio antiguo)
Desde el desciframiento del sistema de escritura egipcio durante el
pasado siglo (siglo XIX), el estudio gramatical del egipcio ha sido tratado
primeramente dentro de cuatro sucesivas miradas: a) La escuela de Berlín y la
recuperación de la morfología del egipcio. B) A.H. Gardiner y la fijación del
canon para el estudio de la lengua egipcia. C) H.J. Polotsky y la “teoría
estándar” de la sintaxis egipcia. D) Una herramienta contemporánea para los
modelos lingüísticos.
A- A Erman y la comúnmente llamada “Escuela de
Berlín” la moderna egiptología les debe tres grandes contribuciones: (a) La
división de la historia del egipcio en dos grandes fases. (Llamados por Erman Altjagyptish y Neuagyptish, las dos corresponden al “temprano” y “tardío” egipcio
respectivamente); (b) La identificación básica del inventario morfosintáctico
de todas las etapas de la lengua; (c) El
monumental Worterbuch der agyptischen
Sprache (1926-53), hasta ahora la más completa herramienta lexicográfica
disponible para el egipcio. El enfoque de Erman y sus seguidores por cerca de
tres generaciones (K. Sethe, G. Steindorff, E. Edel, W. Westendorf) fue de
hecho modelado sobre el método histórico-filológico similar al adoptado en la
lingüística semítica (introducir nota al pie de página para explicar las
lenguas semíticas) contemporánea, que por otra parte condicionó las
alternativas de la escuela de Berlín en relación a la terminología gramatical o
transliteración.
B- A pesar de la fuerte tradición
“neogramatical” de Erman, los aportes de académicos como A.H Gardiner y B. Gunn trajeron al estudio del egipcio un
enfoque pragmático derivado de sus tradiciones anglosajonas; las
características del egipcio son vistas en oposición al contexto/historia de la gramática de las
lenguas clásicas y a eso se ha referido como el “europeo estándar” (sic). Sí
Erman y la escuela de Berlín fueron metodológicamente “semitocentristas”.
Gardiner y el conocimiento lingüístico que él representa fue “eurocentrista” en
el sentido en que el estudio gramatical del egipcio fue visto al mismo tiempo
como un estudio de las diferencias entre el egipcio y la “mente occidental”,
(cultura occidental) y su propósito principal se basó en la correcta
transliteración de los textos egipcios. (Págs
8 y 9 respectivamente).
Luego el autor entra a discutir los puntos C y D que anotó en el párrafo
inicial de esta parte del noticioso y sustancioso libro en el que Polotsky y su
modelo ocupan un lugar privilegiado de discusión. Pero no corresponde hacer
transitar este escrito solamente en sendas de la egiptología, tema aquel tan
diverso y vasto que se corre constantemente el riesgo de caer en desiertos
desoladores, frustrantes y llenos de sacrificio. Haciendo la necesaria mención que
con todo y que la lengua egipcia está relacionada con el protosemítico y el
protoafricano resulta más llevadera en su estudio que el papiro de Voltaninoch;
muchos buenos eruditos han fallado en su probo intento de descifrarlo, pues no
han hallado más que una quimera que se mueve de allá para acá.
La redacción de una gramática implica sí o sí un
método de estudio particular y no pocas veces doctrinal en cuanto que sus
redactores están adscritos a un momento socio-cultural determinado en la
relación del saber con el hombre mediado por las tendencias de la academia. En
ese sentido, no se podrá nunca hablar de una equivalencia entre los estudios de
Marco Tarencio Varrón en su De lingua
Latina con Panini o el trabajo de Lancelot, Arnauld entre otros en la Grammaire de Port-Royal con el de
Cuervo. Claro está, se podrá acotar el común y plausible compromiso de los
autores citados con el estudio de la gramática, lo cual es innegable y
sobrecogedor. También dependerá de la lengua de estudio y los recursos e
influencias con los que se disponga para construir un trabajo de tal magnitud
(el caso de Caro y Cuervo en la Gramática
de la lengua latina nos demuestra la influencia que los autores recibieron
de una tradición europea). Por ello lo que hace Hans Ørberg es tan grande, su
genuina obra en conjunto es un libro manual para aprender latín pero al mismo
tiempo es una gramática en sí y sirve como diccionario cuando incluye en otros
títulos anexos a sus obras las palabras claves para entender su trabajo
explicitadas en la misma lengua de Roma. Está claro que se trata del “método
pedagógico directo” de enseñanza de lenguas foráneas, asociado algunas veces
pero no en todo al método Berlitz. Observemos la introducción de Lingua latina per se illustrata para ver
el método del maestro danés:
No sería osado ni arriesgado afirmar que esta bella
página cimienta un antes y un después en el estudio del Latín, es innovadora y
esplendida. Escrita con profesionalismo para aquellos con conocimientos nulos pero con el rigor necesario para alcanzar
niveles altos en la escritura y lectura de textos clásicos canónicos. Es sin
dudas, la cresta del proceso de “Lingva
viva” que ha llevado a muchos a enarbolar las banderas de una lengua que se
creía abandonada del todo y solo analizada a medias por el clero de Roma.
Observemos la primera cláusula, “Roma in
Italiā est” no supondría a simple vista un gran problema para entender la relación que la proposición nos está
ofreciendo con relación a su contenido semántico. Al ser usuarios de una lengua romance (el
castellano) e incluso sin ser nativos de una lengua romance “vulgar”
rápidamente identificamos a Roma como
sustantivo, a In como preposición, a Italiā como un sustantivo que hace parte
de una de las seis declinaciones gramaticales existentes en latín; el caso acusativo, y a est como el verbo (en presente). Irreparablemente traduciríamos
así: “Roma está en Italia”. Identificamos luego el plural del verbo Esse cuando hace su aparición “Sunt” y las conjunciones: et,
quoque y sed. De las tres anteriores, tal vez sea “Sed” la más complicada
de traducir, pero no es del todo necesario traducirla porque nos indica algo
que “no es” para señalar lo que efectivamente “sí es”. Son los juegos
abstractos del lenguaje en su función de contrariedad. Ingresamos de esta
manera a los modos de pensamiento de los antiguos romanos en la medida en que
comprendemos que el lenguaje es pensamiento y viceversa. Podemos llegar incluso
a los indicios de un posible cavilar común de estas comunidades con la aprehensión
somera de la lengua latina para develar algo de la memoria cultural. El
estudioso del antiguo Egipto Jan Assmann escribe algo al respecto: “Ce que nous appelons la mémoire culturelle,
c'est l'ensemble des idées formatives et normatives qui forment le centre d'une
civilisation et qui s'expriment à travers le tableau d'un passé commun.” Y
por tanto, internarnos en el estudio de una lengua antigua es al mismo tiempo
entrar a un campo de arqueología filológica para ser parte de los complejos
procesos de una sociedad. Ya el crítico literario romántico Friederich Schlegel
lo advertía: “Leer es satisfacer el
impulso filológico, afectarse a sí mismo literariamente”. Y cierto es que
no son pocas las personas que consideran la lectura de diccionarios,
enciclopedias y gramáticas como una acción de alto valor estético que raya con
el ideal de belleza que Oscar Wilde propone para las obras de arte. Sí en este caso hay bastantes personas que se emocionan leyendo gramáticas del latín y del egipcio en su escritura jeroglífica...larga y venturosa vida para ellos... aún nos sostenemos en hombros de gigantes.
DIEGO ALEJANDRO HIO R.
DIEGO ALEJANDRO HIO R.



Comentarios
Publicar un comentario