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Lo extraño en La melancólica muerte del chico ostra y una breve mención de los Cuentos de la periferia



El ahorcado - Victor Hugo
En agosto de 1957 la oficina de las Naciones unidas (ONU) para la educación, la ciencia y la cultura publicó un número especial en su revista El correo titulado “Pinturas y dibujos desconocidos de escritores famosos”, el texto en sí se mostraba como pionero en su campo de análisis (teniendo en cuenta la época de su publicación) especialmente cuando  en apartados reveladores ensalzaba la capacidad artística de grandes poetas y escritores de prosa y drama cuyos dotes tanto para la pintura como para el dibujo eran bien desconocidos para el público profano. Dentro de esa lista de grandes celebridades de las letras resaltaban a  Victor Hugo con algunos trabajos pictóricos suyos como El ahorcado y le agregaban más a modo de relleno que de profunda investigación de teoría del arte un pequeño análisis acerca de las presuntas motivaciones que tuvo el escritor de Les misérables para realizar su bien llevado trabajado sobre el lienzo, motivaciones que según los redactores de la revista iban más por los senderos de la denuncia social que por los del simple hecho de hacer arte por afición sin compromiso social; lo mismo hicieron con los truncados, enrevesados y liados dibujos del maestro Federico García Lorca, unos dibujos amorfos repletos de líneas inconformes con su existencia y que en momentos de pausa generaban ojos, cabezas, manos, flores, soles y demás. Sobra decir que el trovador de Andalucía era un genuino y brillante expositor de aquel “don” que el hombre posee: la creación. En sus dibujos  García Lorca, quien fue también un gran dramaturgo creador de piezas para títeres como la  entretenida farsa llamada “Retablillo para San Cristóbal” (1930) deja ver la plasticidad de sus personajes que en mucho nos recuerdan a sus entrañables personajes del teatro guiñol. Pensando en los muy variados ejemplos que la publicación de la UNESCO traía a colación y esencialmente en  aquella polivalencia en los oficios que varios artistas poseen, hallé ya en nuestros días los  exquisitos trabajos de los creativos Tim Burton y Shaun Tan, definitivamente dos de los muchísimos herederos de esa bella tendencia de hacer arte por varias vías, pues el arte es inconmensurable, lo atrapa todo y sus caminos de expresión son afortunadamente inacabados. Es cambio, mutación y metamorfosis ad perpetuam.  

Sobre el estilo de Tim Burton ya mucha tinta ha corrido a lo largo de estas últimas décadas, tanta que podría decir que hasta tesis de grado se han elaborado tratando de desenmarañar los crespos de un Joven manos de tijera, tratando de entender la reconciliación de ideas ortodoxas con las festividades folklóricas populares casi carnavalescas a la manera de un  Mijaíl Bajtín[1] aplicadas a Jack Skeleton  o simplemente destacando la atmósfera sombría y si se quiere semi-gótica de sus valiosas entregas al séptimo arte. Tim Burton es un referente del cine actual sin dudas pero su trabajo artístico no se ha concentrado solamente en el cine, su talento abarca otras disciplinas del espíritu y aquí es  donde aparece para alegría de los seguidores de Burton La melancólica muerte del chico ostra (1997) en ese oculto y noctámbulo intersticio de su vida. Se trata en realidad de una recopilación de historias amalgamadas en versos con rimas disconformes que trae temas tristes en donde niños anormales, con vidas en crisis y oficios curiosos como el de héroe tratan de sobrellevar sus existencias en contextos hostiles que no comprenden en su totalidad. Son personajes en crisis que habitan por suerte o por mala suerte mundos sombríos y fríos en donde no obstante el amor y sus pasiones mata y quema. Características nodales aquellas presentes en el arte de Burton tal y como sucede con el pedagogo vuelto investigador estatal Ichabod Crane en  Sleepy Hollow (1999). 

Pero lo extraño y lo llamativo si seguimos el derrotero  citado en la publicación de la UNESCO no es el tema per se, no es el ejercicio hermenéutico o fenomenológico que se puede hacer de este trabajo literario (que sería muy enriquecedor si se hiciera) sino el hecho de apreciar a un autor que es escritor e ilustrador (léase este último concepto como dibujante y pintor) al mismo tiempo. Burton crea sus relatos y los diseña tal cual los pensó y los plasma con gran maestría dotándolos de personalidad  propia en un aquí y un ahora que por el inherente asocio a su creador en palabra y dibujo rehúye a interpretaciones que un ilustrador externo pudiera hacer. Es decir, este acto aparentemente simple produce variados análisis, algunos de ellos profundos; tomando la palabra usada por el maestro Walter Benjamin[2], Tim Burton no le ha quitado el "aura"  a su obra de arte porque ésta está alejada de los intentos de falsificación (falsificación entendida en términos benjaminianos) a los cuales pudiera estar sujeta aún más si se dejara en manos de una persona X el trabajo del dibujo. Aunque observando bien el asunto, mucho me temo que puedo caer en una tautología conceptual infinita si tenemos en cuenta que toda obra de arte está sujeta a la falsificación citada por el pensador judeo-alemán ergo La melancólica muerte del chico ostra como obra de arte no sería la excepción a la aparente regla. Complejo. Sea cual fuere el desarrollo de este debate lo importante es observar a un Burton dibujante y escritor tal como  el poeta británico del siglo XVIII William Blake. Su arte es tan complementario en la simbiosis que a pesar de la sencillez de sus trazos es fuerte en el ejercicio simbólico de los personajes que desarrolla en pocas cuartillas llenas de manchones y contradicciones como en el siguiente ejemplo de Palillo y cerilla:

O en su cuota de humor negro que enternece por tratarse de un chico:



La innegable atracción en las personas que las páginas del libro de Tim Burton tiene sin embargo puede analizarse desde lo que plantea Pierre Bourdieu en relación a la mercantilización del arte que antes había denunciado Theodor Adorno,  Max Horkheimer entre otros miembros de la escuela de Frankfurt. Dice el sociólogo francés  que no es el papel del artista sobre el objeto transformado en sí lo que valoriza su obra sino las relaciones de poder en pugna que las instituciones encargadas de la “producción” y promoción de arte ejercen sobre la sociedad, Bourdieu afirma: “es en el campo de producción, como sistema de relaciones objetivas entre estos agentes o estas instituciones y lugar de luchas por el monopolio del poder de consagración, donde se engendran continuamente el valor de las obras y la creencia en este valor" (ver, La production de la croyanse). Y sabiendo que Burton es famoso y consagrado entonces es más fácil vender libros de alguien conocido que de un autor poco afamado, esto explica el por qué se venden tantos libros de personalidades destacadas (celebridades postmodernas) que en sus vidas nunca se propusieron ser escritores conocedores de una historia literaria que posee ritmos, temas, estilos y silencios destacados para luego hacer un aporte profundo al arte de las letras, sus trabajos obedecen por tanto  al proceso de mercantilización al estilo de los trabajos kitsch. Solo eso. Pero sucede que con Tim Burton no pasa eso a pesar de que el éxito de La melancólinca muerte del chico ostra se impulsó por su fama, creo que hay en ese trabajo una destacada sensibilidad puesta al servicio del arte como expresión pura que parte de una subjetivad en concreto pero que impacta en el colectivo por el planteamiento estético de la obra. El autor cuando es escritor e ilustrador logra un impacto mayor en el lector tal como lo hiciera Art Spiegelman con Maus o los trabajos del español  Alfonso Zapico. Es escribir para representar al instante gráficamente, unión perfecta. ¿Sería lo extraño en La melancólica muerte del chico ostra?


Aldo Pellegrini en un texto de obras dramáticas titulado Teatro de la inestable realidad (1964) escribe una obra que encaja bien en el teatro para títeres llamado El pescador, allí groso modo los personajes intentan pescar alentados por el pescador avezado peces en un sitio sin agua, pescan animales que según ellos moran en el aire, en el ether. La anterior imagen muchas veces representada por grupos de teatro  Argentinos posee una inobjetable dosis de surrealismo y comicidad original que se asocia en diversos puntos con el trabajo del escritor e ilustrador norteamericano Shaun Tan en su bello Cuentos de la periferia (2008). En efecto, he visto agradables similitudes entre Pellegrini, Shaun tun y Tim Burton destacando como no, que  también se marcan grandes diferencias porque cada artista tiene su impronta personal venida de creencias, posturas y estilos que lo permean de alguna u otra manera y además los tres artistas citados se ubican en realidades diversas que les otorgan unicidad a sus trabajos, de nuevo Walter Benjamin hace un valioso aporte: “La unicidad de la obra de arte se identifica con su ensamblamiento en el contexto de la tradición”. Por lo tanto, cada obra es diferente y más sí los artistas son de países distintos. Shaun Tun es a la vez escritor e ilustrador y sus trabajos se ubican en mundos de ensueño en donde una ballena puede aparecer en el patio trasero de una casa, un búfalo puede orientar a las personas de la ciudad, una mujer en una canoa se puede pasear por la carretera de asfalto y un estudiante de intercambio semejante a un duendecillo puede llegar a una casa y llenarla de misterio…etc. Son situaciones que las personas “normales” las ven y viven sin inmutarse puesto que poseen una admirable capacidad de adaptación a lo extraordinario; algo que los personajes principales de Tim Burton carecen en su totalidad por tener condiciones propias de los outsiders sociales. No obstante ambos juegan en sus obras con lo extraño en el ethos de sus personajes, con las situaciones fuera de lugar en mundos presuntamente lógicos y comunes en donde los desestabilizadores son aquellos “nuevos” que originan conflictos a los “normales”. 

Las ilustraciones de Shuan Tan dicen más que las de Burton, son polifonía de signos armónicos en serie que ocupan lugares que la palabra no logra colonizar porque la representación del mundo siempre es esquiva, son dibujos tejidos por manos grandísimamente crédulas de lo absurdo. En algunas ocasiones he tenido la sensación de que es el dibujo (en Shuan Tan) y su disposición de colores lo que define el relato en lugar de hacerlo a la manera tradicional en donde el dibujo está subyugado al escrito. Lo antes mencionado vendría a ser junto a la condición de escritor-ilustrador lo extraño en los Cuentos de la periferia, un libro hecho de relatos en donde la destreza en la ilustración del autor va por encima de su talento en la escritura sin ser precisamente mala esta última aunque comparada con la de Tim Burton carece de un impacto terroríficamente infantil e intensamente sugerente en cuento a la relación que el lector puede entablar con los personajes. No obstante sin ápice de duda se trata de una obra bella y bien construida. Desde la publicación de la revista El correo de la ONU  por allá en 1957 hasta nuestras fechas muchos autores han hecho de la escritura y el dibujo combinados bajo un solo tema una forma de avivar intensamente el arte de sus obras, se trata de hacer con los propios trabajos lo realizado por Vladimir Nabokov en La metamorfosis (1915) de Kafka: una reelaboración y por ende actualización del libro, toda lectura es un acto de fe en nuestra capacidad creadora por cuanto todo saber es procesado y transformado por cada sujeto. Todos tenemos un pequeño Dios interior que a veces se vuelve inmenso.

Dibujos de Nabokov sobre La metamorfosis.




[1]  Ver La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento. El contexto de François Rabelais. Mijaíl Bajtín.
[2] Ver La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica. (1936). Walter Benjamin.




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