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La Idea de Osho sobre la comunidad, libertad.


"Anarquía' significa 'sin líderes', no 'sin orden'." V de Vendetta. (Alan Moore).


La llamada revolución francesa a la cual muchos han rebautizado con cierto ápice revisionista como "La revolución burguesa", hace especial énfasis en convertir el concepto de nación en una categoría política compleja, así dice: “El principio de toda soberanía reside esencialmente en la nación”. (Declaración de 1789. Art. 3)”  Detengámonos a observar esta parte del artículo escrito durante dicho complejo periodo de la historia europea que sin lugar a dudas afectó a estos territorios periféricos. Ya la nación no se restringe a unas cuantas regiones con prácticas, cosmovisiones y modos de vida comunes como podría normalmente afirmarse según estudios de ciencia política reciente, por el contrario, el susceptible término “soberanía” allí escrito indica una generalización de autoridad ejercida ya no por una monarquía sino por los líderes revolucionarios que las ideas de los enciclopedistas ayudaron a forjar y entronar (Diderot, D’Alembert, Rousseau, Voltaire…Etc.), por tanto se habla de una organización política que cambia de mando, de dominio en sus cuadros superiores; se pasa de una noble casta familiar añeja a políticos civiles con intereses socio-económicos particulares que se ocultan tras lemas conmovedores y hermosos como "Liberté-Égalité-Fraternité"Justamente para lograr este fin se tienden a eliminar las naciones para hablar solo de una “nación” homogénea en un país bajo el amparo de la soberanía, y éste concepto es el que propicia la entrada en vigor del centralismo político moderno.

La configuración del estado moderno en occidente tiene su precedente directo en los hechos acaecidos durante la revolución francesa. Allí se cimentaron los valores, se reformularon las leyes, los deberes y derechos de los actores sociales entre otras situaciones que determinan hoy en día las maneras de relacionarnos como ciudadanos supuestamente amparados por la justa ley. Sin embargo eso no significa que todo sea perfecto y que se ande por los carriles adecuados que nos llevan necesariamente a la felicidad. El estado ya desde que Thomas Hobbes (siglo XVII) lo pensara como un “aparato” de creación de comportamientos consensuados (moral) ajenos a la religión lo ubicaba como un conjunto de situaciones organizadas que posibilitaban la convivencia “pacífica” entre los miembros para así evitar el temido Homo homini lupus, se trataba de un estado padre que hacía honor al título de su obra maestra “Leviatán” (1651); puesto que según él la noesis del asunto radicaba en la tendencia humana a  realizar acciones enmarcadas hacía el egoísmo y debido a ello debía existir un monstruo (leviatán) que controlara a las gentes y sus pasiones (tesis que todavía posee muchos adeptos). El maestro indio Bhagwan Shri Rashnísh, conocido más por su epíteto “Osho” y mucho antes de éste, el lúcido anarquista decimonónico Piotr Kropotkin entre otros pensadores de la emancipación social propusieron que el “mal” no era en sí la única razón que movilizaba el accionar humano hacía un fin sino que había en el hombre una tendencia más pronunciada hacía la cooperación, la tolerancia y la aceptación del otro además de la vida en paz. No todo podía ser tan malo como lo soslayaban los teóricos del estado clásico y hasta el mismo Rousseau.

La organización política en donde unos pocos rigen los destinos de unos muchos es estudiada por el versado príncipe Kropotkin en sumo detalle, allí critica la enceguecedora tendencia malthusiana-darwinista de entender a las ciencias sociales y al hombre que estaba muy en boga y arraigada entre los académicos principalmente a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Angel Capelleti escribe sobre el pensamiento de Kropotkin lo siguiente: “El Estado, lejos de ser creador u órgano de la moralidad, es, para Kropotkin, fuente de toda injusticia, y por tanto, de toda inmoralidad. La existencia de gobernantes y gobernados dentro de una sociedad constituye la forma más radical de negar la igualdad y la libertad, y, en consecuencia, la justicia.”[1] No cabe atisbo de duda que el estado visto así solo complejiza más las relaciones de los ciudadanos al someterlos a una autoridad que dictamina el statu quo, se nos presenta según la visión de Kropotkin como un enemigo incapaz de hacer fluir la natural tendencia del hombre a compartir, vivir en armonía y de sentirse dueño de su libertad, dicho de otra manera es el estado el lobo del hombre, ¿quizá Statum homini lupus? Mucho más radical y conocido que el anterior “príncipe” está Mijail Bakunin, teórico por excelencia del anarquismo clásico y gran rival de Karl Marx en los debates ideológicos de la segunda mitad del siglo XIX. Bakunin contrariando al pensador alemán escribe que  es el estado el que propicia la desigualdad de clases y por consiguiente la miseria intrínseca y no como lo pensaba Marx quien creía que era la desigualdad social la que creaba al actual estado opresor. De cualquier modo los dos concordaban en el fin último de sus propuestas, a saberse: lograr una liberación-emancipación del hombre de sus ataduras socio-mentales que solo beneficiaban a una minoría explotadora astuta y poderosa. Este fin último no es más que la idea de vivir en una comunidad altruista, respetuosa, trabajadora, digna y en paz…para unos el comunismo, para otros la comunidad de hombres libertarios (haciendo la salvedad en las diferencias entre unos y otros).

Pareciera que Osho, invadido por estos y otros planteamientos que le venían de raíces más filosóficas y espirituales por cuenta del budismo, hinduismo, zoroastrismo, cristianismo y algunas menores ramas religiosas de la India comprendió que para lograr vivir una buena vida, una existencia sin ataduras demoledoras para nuestro fluir armonioso en este mundo entre otras querellas se debía partir del ser humano como un ser con necesidades específicas que pueden ser desarrolladas y evolucionadas en una comunidad altruista, una nueva sociedad en donde no exista el dinero, las clases sociales o los orgullosos caudillos y dictadorzuelos que someten a las gentes a sus caprichos parroquiales. Sorprende la seria meticulosidad con la que aborda el tema, afirma que dichas comunidades deben contar con mínimo 5.000 personas y un máximo de 50.000 y que cuando se supere éste número lo mejor es fundar otra comunidad debido a que más de 50.000 personas podría dar pie a la conformación de jerarquías que finalmente derrumbarían  el espíritu que une a las personas de esas agrupaciones humanas: la ayuda mutua para lograr la trascendencia personal y luego social. Al no haber estado directriz, naturalmente ha de existir como lo escribe Osho orden en dichas comunidades, pero debe ser un orden  consensuado en donde todos participan a juzgar por las pocas personas que las conforman. Todos cuidan del otro y lo protegen; haciendo honor así a lo que los anarquistas habían entrevisto en el hombre primitivo, la capacidad para  estar más prestos a la paz durante largos periodos de tiempo en oposición a la guerra. Fue esa paz la que posibilitó la cooperación entre las diferentes comunidades humanas permitiendo a la especie dar  el gran salto evolutivo que aseguró la sobrevivencia durante siglos. El socialista y visionario Robert Owen durante el siglo XIX había intentado algo parecido con la fundación de la famosa comunidad de New Harmony en Indiana (EE.UU), quería construir a un hombre nuevo, bondadoso y libre… pero fracasó por razones que aún hoy en día están en la palestra del debate histórico; algunos dicen que sucumbió ante la negligencia de los integrantes, otros que por la improductividad de los terrenos, la llegada de colonos que no comulgaban con las ideas de Owen…etc. Lo cierto es que el fracaso de Owen no menoscabó el afán por hallar mejores sociedades alternativas a la dictadura del capital, por el contrario, hubo muchos más intentos por establecer comunidades similares que sin embargo fracasaron de igual manera, siendo quizá los Kibutz israelíes los más afortunados, pero éstos no son necesariamente las comunidades que pensó Osho o cualquier socialista o anarquista.  Y si bien parece utópico pensar una comunidad de estas características ¿No es la utopía una belleza? ¿No es pues necesario en muchos casos volver al hombre un “buen salvaje”?, José Lorite en  Sociedades sin estado. El pensamiento de los otros (1995) anota al respecto: “La utopía (Erasmo, Moro, Bacon, Vives…) es la justificación de las prácticas humanas, no por su fundamento o su  origen, sino por su proyección o sus posibles”[2]. En cuyo caso la utopía estaría más que avalada para los libertarios y emancipadores en su  enfrentamiento al actual sistema socio-político y los que están por llegar.

 Osho no obliga a nadie a hacer parte de una comunidad, por el contrario sugiere que la vinculación esté  sujeta al querer y aspiración de la persona, de esta forma se previene todo tipo de malentendido ocasionado por obligación o filiación a un grupo (fanatismo). La libertad está por encima de todo, el hombre puede y debe moverse por los senderos que quiera sin tener “amos o soberanos” a los cuales atender, así lo ve Osho. Y si bien Osho renuncia a la idea de la equidad en donde todos son iguales en su desenvolvimiento y vida dentro del conglomerado postula la premisa de la oportunidad real para todos sin distinción. Esa oportunidad de trabajo, vivienda, comida, salud y educación previene la pobreza pero no extirpa el natural sentido de competencia que brota en el ser humano, se trata de una competencia que es sana, leal y nunca exagerada en sus aplicaciones porque ante todo Osho quiere prevenir el asistencialismo macabro que vuelve demasiado ociosos a los hombres (sin ser el ocio malo). He allí un punto divergente con la utopía socialista y anarquista. Quizá como todo buen filosofo de la India el modelo de hombre para Osho esté representado en Buda, el hombre que vivió a gusto con su vida, que la exploró y entendió en medio del retiro y el desapego a lo material que el sentido de la vida está en entender las causas de nuestra tristeza y privación para dar un nuevo salto significativo al renacer en otro ser humano en medio de una comunidad… una comunidad que seguirá el ejemplo.




[1] Cappelletti, A. (1978). El pensamiento de Kropotkin. Madrid, España: Biblioteca promoción del pueblo. Págs 93-94.
[2] Lorite, J. (1995).  Sociedades sin estado. El pensamiento de los otros. Madrid, España: Ediciones Akal, S.A. Pág 24.
Osho. (2001). Amar, libertad, soledad: Una nueva visión de las revelaciones. Madrid, España: Gaia ediciones.

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