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Levana


La revista Semana en un número reciente resaltaba con embebecimiento algunas cátedras curiosas que se impartían en diferentes establecimientos de educación superior del país, dentro de ellas figuraba la muy diciente y sin dudas llamativa cátedra inspirada quizá en The Walking Dead titulada “Lo humano en el apocalipsis zombie” de la Universidad del Rosario, estaba también  la impactante “Tecnología de Ironman” de la Universidad de los Andes, “Asesinos en serie”, “La filosofía detrás de El señor de los anillos”, ambas de la Universidad Javeriana y otras más como “Cátedra de Juan Pablo II el grande” que guardan en común la loable mixtura entre la divulgación disciplinar debida con  el entusiasmo y disposición que supone investigar un área a la luz de un filme, situación existencial o libro medianamente común a todos los participantes del acto educativo.  Sobre  “La filosofía detrás de El señor de los anillos” cabe enunciar por mera proximidad empalagosa que durante el lanzamiento del primer filme de El Hobbit dirigido por Peter Jackson que sería trilogía en el 2012, se hizo muy famoso un libro circundante que aprovechó la fiebre “tolkieniana” del momento  llamado “El Hobbit y la filosofía” editado por William Irving; libro que se vendió muy bien mientras la película estuvo en cartelera. Es de anotar que este libro de filosofía y la cátedra de la universidad colombiana sobre la magna obra de J.R.R Tolkien solo serían una muestra ejemplar de los estudios comparados y polisémicos que hoy por hoy se están imponiendo en el mundo académico enmarcados, eso sí, en un evidente afán admirable por hacer más atractivo el poder disciplinar de una rama del saber a una audiencia que busca sentirse motivada. Y en ese esfuerzo radica en parte uno de los más nobles objetivos pedagógicos de la contemporaneidad: Hacer representativo, significativo y atractivo el conocimiento para que éste sea cultivado de diversas maneras por el educando en la mayoría de sus facetas como ser crítico. Hacer una verdadera praxis pedagógica.

El estimable Jean-Paul Richter, un curioso pedagogo alemán autor de un libro adscrito al romanticismo pedagógico llamado “Levana o teoría de la educación” 1807, (Texto alabado por N. Abbagnano y A. Visalberghi quiénes lo calificaron como un “auténtico himno a las infinitas potencialidades positivas contenidas en el espíritu infantil[1]”) debía el título de su obra a una diosa romana encargada de proteger y bendecir a los niños recién nacidos. El nombre y la semántica de  “Levana” en el caso del libro de Richter y guiándonos un poco por la explicación acerca de la potestad de la deidad sería una bella apología a la importancia de los niños en el proceso de continuación de la enseñanza-aprendizaje del género humano, puesto que la diosa vela, ofrece ayuda y mantiene con vida a los bebés con dedicación. Aunque si ahondamos más al respecto, también podría ser una tentadora metáfora de aquel fuego inextinguible que vive en aquellos que no dejan apagar las llamas de la curiosidad infantil, ergo  de la investigación y el amor por el conocimiento. En cualquier caso es hermosa la palabra. Me gusta pensar en ésta última asociación conceptual de Levana porque es justo eso lo que persigue el gran William Ospina en un elocuente ensayo aparecido en La lámpara maravillosa (2012) denominado “Preguntas para una nueva educación”, sin olvidar también el solemne ensayo de Gabriel Restrepo titulado “La clave de Melquíades” quién se encamina cuidadosamente por el mismo sendero. Además pensado a Levana así también hallaríamos afortunadas similitudes con la famosa raíz etimológica de “Pedagogía”: Paidos: niño, logos: guía. No obstante creo que Levana a decir verdad es menos importante si la comparamos con otros seres del panteón divino de educadores, por ejemplo, es mucho más trascendente Prometeo, el gran gestor de la educación de los mortales en el mito griego o incluso Quetzacoatl, la sabía serpiente mesoamericana que parecía conocerlo todo y estar presta a la enseñanza de las gentes que la idolatraban y si hablamos de los humanos las figuras de Siddharta Gautama o Zoroastro parecen más elevadas que la de la mencionada diosa latina.

Cuando Prometeo, el titán llamado por Esquilo el “sofista” (el que hace sabio a los hombres / profesor de los hombres) les dio el fuego a los desconcertados miembros de la especie humana a los cuales su hermano Epimeteo había dejado vulnerables por necia negligencia, pareciera que les dio a los mortales por extensión y de facto la clave, la razón de ser de toda educación: pasar un conocimiento de una generación a otra mediada por el ejemplo en este caso de la práctica. El aprendizaje que llevó a la dominación del fuego y todo lo que de dicha utilización dependía saberse fue sin dudas uno de los primeros ejes de referencia de la enseñanza-aprendizaje en la mitología griega y que por su fuente divina (Prometeo) encierra el secreto de la grandeza del ser humano; la educación como un don para transformar las realidades circundantes a la cotidianidad del homo sapiens. El fuego dado por el titán sin ir más lejos es la educación, es  protección, ritual, conservación e investigación. De otra parte, pasando a un plano menos mitológico se puede notar que el problema de la independencia de la pedagogía para actuar sobre las mencionadas realidades históricamente ha estado atado a los procesos económicos o religiosos de las sociedades, en efecto es curioso apercibir que la historia de la pedagogía involucra en muchos pasajes de su convulsionado trasegar la regia división de clases fomentada sin dudas por dinámicas ajenas a su autopoiésis. Es claro que la educación ha sido durante larga data un medio para afirmar a unos y negar a otros en un claro ejercicio de ostracismo ex profeso como sucedía con las castas de la India o en la antigua sociedad egipcia, siendo la anterior una verdad que no se puede sobrepasar de manera superficial. Continuando con el ejemplo de Prometeo bien valdría decir metafóricamente que esta deidad les dio la educación (el fuego) a los hombres por igual, pero éstos decidieron en su vehemente codicia de separación decidir quién lo recibía. Es deber del mundo contemporáneo entonces hacer que ese fuego llegue por fin a todos.


En un plausible empeño por recuperar el sentido democrático, polivalente y significativo de la educación muchos estudiosos y teóricos de la misma se han propuesto a ensalzar las virtudes de uno u otro modelo pedagógico que ha sido puesto en marcha desde que el ejercicio educativo empezó a preocupar al ser humano, así también se han analizado los defectos de dichas tendencias para comprenderlas en sus metas y aplicaciones, el pedagogo Sergio de Zubiría llama a este ejercicio de auto observación critica de la disciplina  “uno de los grandes debates de la pedagogía actual”, y nada puede estar más cercano a la verdad que esa profunda preocupación, además Zurbiría aboga por una necesaria y curiosa descariturización de la pedagogía tradicional “La traditio” (desgraciadamente un ítem muy arraigado en las facultades de educación). Pero no solo en Latinoamérica se plantean nuevas formas de concebir la enseñanza, de hecho la universidad de Birmingham (Inglaterra) y su The jubilee centre for character & virtues ha hecho del desarrollo de la personalidad a consciencia y del carácter individual de cada quien el asunto fundamental de su investigación pedagógica. Para ellos formar en la personalidad y el sentido común muy ligadas a la mayoría de edad kantina se constituye en la base nodal de todo desarrollo intelectual, eso que ellos llaman wisdom en el sentido de sabiduría práctica. El profesor Barry Schwartz hace este aporte:

“The will to do the right thing, and the skill to determine what the right thing is, together comprise what Aristotle called phronesis, or practical wisdom. Practical wisdom, thought Aristotle, is the master virtue, helping us to use our other virtues (honesty, kindness, courage, humility, perseverance, and the like) at the right time, and in the right way.”



La genial propuesta de los pedagogos británicos radica en trabajar sobre un enfoque  que se preocupa más por el desarrollo de las competencias del ser humano en sociedad, como miembro de un grupo comunitario y como ser ubicado en una realidad concreta. Desde la temprana edad y sin sesgo de segregación se procura por implementar una auto disciplina, auto control, auto dependencia, el respeto por los otros, el trabajo en equipo, cómo saber manejar los alabos, cómo enfrentar reveses y la importancia del servicio a los demás. Esa es la sabiduría práctica que desde chicos los estudiantes primero deben desarrollar antes de enfrentarse a los retos disciplinares de la malla curricular. Platón sectorizaba de acuerdo a las edades los niveles educativos a los cuales podía acceder el ciudadano ateniense, por ejemplo: a partir de los 50 años, si era apto, podría dedicarse a la filosofía de la observación o incluso antecediendo a Friederich Fröbel con los Kindergarten ya planteaba una educación introductoria para la primera infancia. No obstante Platón muy acorde a su tiempo pensaba una educación que dividía a los ciudadanos y en donde pocos podían desarrollar las habilidades que  los miembros de The jubilee centre for character & virtues se plantean desenvolver, y eso de por sí ya  es un cambio muy provocativo. Cuando el estudiante se cuestiona a sí mismo da a luz a otro hombre, a otro ser con la capacidad para intervenir activamente en su entorno y por ello es fundamental que el sujeto deba saberse humildemente inacabado, solo ahí empieza la verdadera transformación, y no solo el estudiante, también el maestro… sacar a flote su ignorancia es también reconocerla y hacer un ejercicio catártico de introspección que desde el oráculo de Delfos estaba cincelado con el martillo de la verdad y que luego Sócrates en su praxis educativa haría famoso: “Solo sé que nada sé” y "conócete a ti mismo"Una educación que presta atención a las dimensiones humanas, al saber puesto en diálogo reciproco con el contexto como el fuego de Prometeo nunca estará destinada a la creación de autómatas como pareciera muchas veces que el discurso neoliberal intenta imponer.  

Gabriel Restrepo llama mistogogía al método de enseñar a través de lo secreto, de lo oculto pero no tan oculto, es el modelo que posibilita  al estudiante lograr avances según su capacidad interpretativa mediante la interrogación de su barrio, su vereda, su familia, su cuerpo, sus amigos, su país…et caetera. Dicho esto, es  evidente que se precisa de una bien guiada formación en el carácter y las virtudes antes subrayadas porque ellas les darán a los estudiantes las herramientas precisas para actuar en sus roles de transformadores conscientes, pues ¿no es eso lo que se quiere de los educandos?. Por tanto, no es por vanidad postmoderna y postinera que los discursos clásicos de las disciplinas se estén mixturando actualmente con películas, series de televisión, libros, temas de moda o situaciones cotidianas, más bien creo que estas acciones se enmarcan en una necesidad que los docentes  ven para hacer más digerible lo que ellos creen que el educando debe saber, se trata entonces también de una nueva gama de didácticas que se están alimentando de diversas teorías. No sabemos si seguimos contando con la ayuda de Bochica, Levana, Quetzacoatl o Prometeo para traer cambios a la educación, pero lo sabido es que el proceso de enseñanza-aprendizaje guiado por la mistogonía, por el carácter & virtud, por un pensamiento romántico, socialista o neoliberal por sí solo no basta si se detiene pérfidamente sobre unos postulados inamovibles que ayuden a reproducir paradojas hoy vistas como la siguientes: enseñar democracia en centros educativos antidemocráticos o enseñar libertad de expresión en instituciones que las coartan. La educación siempre debe estar en movimiento y ojalá para el bien de todos sin excepción.







[1] Abbagnano, N. and Visalberghi, A. (1964). Historia de la pedagogía. México: Fondo de Cultura Económica.

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