Ir al contenido principal

EL SER EN DOSTOIEVSKI



Fiodor Dostoievski busca la trascendencia de su yo para explorar al hombre que está más allá de todo tipo de juicios de valor que la sociedad ha instaurado en las consciencias de los sujetos, solo de esa manera logra hallar dentro de su religiosidad un momento único para dar a luz una nueva realidad, un nuevo hombre.

En primera instancia es pertinente aclarar el concepto de religión que se va a manejar en este escrito; me apego a la definición otorgada por el antropólogo estadounidense Clifford Geertz quien escribe: “La religión es un sistema de símbolos que obra para establecer vigorosos, penetrantes y duraderos estados anímicos y motivaciones en los hombres, formulando concepciones de un orden general de existencia y revistiendo estas concepciones con una aureola de efectividad tal que los estados anímicos y motivaciones parezcan de un realismo único” (Geertz, 1973, pág.89). A partir de la anterior cita se podría afirmar que Dostoievski construye  su  intensa y compleja “religiosidad” en cada uno de sus personajes principales que constituyen el cuerpo de su obra. Lo anterior debido a que viven según sus propias creencias, sus  símbolos e interpretaciones, es decir sus  genuinos sistemas de concepciones. ¿Pero a qué tipo de religión se hará referencia específicamente? Ciertamente no es una religiosidad que aparta a sus personajes de la realidad a modo de evasión o que los lleva a vivir en otras dimensiones existenciales como quizá lo pensó en los primeros años del cristianismo San Agustín, por el contrario,  Dostoievski quiere saborear las mieles de un nuevo amanecer en un ambiente igualmente párvulo a sus ojos puesto que se plantea conocer con esa religiosidad de atraparlo todo con la curiosidad infantil a un mundo que ofrece intrincados retos con muchas soluciones o salidas posibles.

Para él la religión es “una de las formas en que comprendemos la dimensión estética de la vida” (Beltrán, Luis. 2012, Volumen N° 97). Por tanto al hablar de ese ser que se sumerge constantemente en sus pensamientos depravados pero inocentes, que atraviesa la procelosa linealidad y lo meramente superficial de la existencia humana, estamos refiriéndonos a un personaje decididamente “atrevido”, extremo en sus acciones y transgresor de la vida a la que todos están acostumbrados. Se trata ni más ni menos de un Adán o de un preadamita recorriendo a los tumbos su edén mientras ignora las malévolas acciones que el ser superior llama “pecado”, como diría el atinado Zweig al referirse a “Los hombres de Dostoievski”: “Nada hay seguro, nada tiene su valor, una medida, en esta época: en esta época ya no brillan sobre las frentes las estrellas de la fe ni la ley en sus pechos”. Asistimos a la presentación de un héroe inocente que vive encarnizadamente bajo su propia voluntad, esa misma que se ve nublada en medio de una magna confusión y que no arroja metas claras en la vida, es la volatilidad de sensaciones encontradas y en pugna muchas veces ausentes en otros hombres  las piezas angulares que posibilitan entender el acoso y el sufrimiento de los personajes de Dostoievski, ellos hacen parte de aquellos que  han optado por lazarse a la odisea de “experimentar vínculos con su origen y destino” (Beltrán, Luis. 2012, Pág 3). Finalmente a partir de las anteriores premisas podemos acercarnos un poco  a la definición de religión que siguen sus héroes.

Dostoievski le da a cada uno de sus personajes una inquietud constante y desenfrenada que los hace seres únicos dentro de la gran aglomeración  de sujetos alineados a ideologías o recuerdos de diverso orden (como sucedía en la Rusia de su tiempo). Son hechos ellos de un material especial altamente explosivo capaz de provocar hecatombes literarias de recordadas e importantes  consecuencias persecula seculorum, de nuevo el maestro alemán Stefan Zweig que sabía lo que escribía 22 años antes de su suicidio en la entonces exótica Petropolis-Rio de Janeiro se adelantaba a muchos otros críticos al advertir la inherente  personalidad dinámica de los personajes del escritor ruso al cual no dudó en tildar como un “poeta volcánico”. Llamado así por la continua pregunta que invade a sus personajes desde sus problemáticos adentros; las reyertas inacabadas sobre asuntos trascendentales los vuelven ciegos ante los acontecimientos de la realidad, y es allí en donde se tornan volcánicos, puesto que todos esos conflictos en algún momento hacen erupción y se irradian hacía el exterior con una fuerza contundente.

Todo lo anterior se produce en momentos en donde el ser está luchando por encontrarse a sí mismo, y para ello debe bordear los límites de lo desconocido, internarse en lo profundo de  las fuerzas que mueven su vida y verse tal como es, detrás de la máscara corpórea que muchos no quieren conocer o que desconocen. A fin de cuentas los impulsos “instintivos” del ser humano en Dostoievski son el principio, el fundamento de su accionar sobre lo que conciben como realidad y a partir de allí se inscribe su religión: la de explorar y crear al hombre en un nuevo génesis regido por el sufrimiento. Reafirmando lo que desde la antigüedad ha sido la constante en los seres “no ubicados”, tal y como lo señala Rudiger  Safranski en un pasaje de su interpretación de la filosofía agustiniana: “El hombre es un ser que apunta y va más allá de sí mismo” (2010, pág.50). En tanto que solo aquellos que han probado la amargura que provoca el dolor pueden considerarse como verdaderos hombres dueños de sí que comprenden las quejas de los demás, se podría decir entonces que los personajes de Dostoievski llevan consigo un mensaje sincero de hermandad con sus congéneres. Arnold Hauser a propósito de este punto en Historia social de la literatura  y el arte (1951) al ver el desarrollo de la novela rusa del siglo XIX escribe que ésta es optimista a pesar de lo triste que pueda parecer,  intenta ver en el hombre a su mismo mesías porque cree fielmente en la humanidad sin caer en la superficialidad de los a menudo aborrecibles Happy endings.   

 La hermandad suscitada a partir de las interminables  luchas de dolor se alza como el eje fundamental al cual se llega luego de haberse liberado de la “guerra” en cada ser. Dicha actitud de atender a los demás y acogerlos como prójimos forma parte de la personalidad fraguada y pulida en los fuegos del sufrimiento. Esto es entendible en la obra del escritor ruso si observamos  que a nuestro autor le correspondió vivir en una época difícil de prolongadas tensiones suscitadas por los avances de la ciencia y de los razonamientos pragmáticos en detrimento de  instituciones y creencias añejas que le daban sentido a la identidad del pueblo ruso. Luis Beltrán Almería en su estudio anota que  “ A ese carácter destructivo de la modernidad, Dostoievski no opone un conservadurismo basado en la tradición. Asume ciertamente la tradición, pero para explorar una vía a la renovación y mejora de la humanidad”. El caso de Dostoievski en relación a su tiempo histórico es un ejemplo revelador de los nuevos aires que la literatura puede tomar al aprovecharse de los momentos cenit de cambio que se pueden percibir en los rumbos de un país o de una región entera, quizá y aventurándome un poco Dickens sea otro ejemplo de ese asombroso fenómeno en Europa.

En varias ocasiones para alcanzar la fraternidad el hombre se ve enfrascado en la soledad perpetua, lo notamos por ejemplo tanto en el personaje poeta de “Noches Blancas” como en Veltchaninov en “El eterno marido”. Esa disposición característica a estar solos les permite reflexionar caóticamente sobre su yo en relación a algo, pero esas reflexiones no están plenamente organizadas y pensadas en la quietud de la serenidad que permite un fluir armonioso de ideas bien procesadas, pues en esos recurrentes ejercicios de reflexión abundan los Uncommon senses de tal modo que las resoluciones consecuentes son más defenestradas que la reflexión en sí. La soledad vista así no debe ser captada  como un acto somero y pasajero a pesar de que dichos personajes se nos revelen como verdaderos nefelibatas, sino más bien se le debe ver como un posibilidad paradójica de sentir “felicidad” por el sufrimiento, debido a que la mayoría de estos personajes buscan ocasiones que les posibiliten saborear el ansiado dolor al saberse lastimados. En dichos momentos de introspección solitaria que los desligan aún más de la cotidianidad para perderse en recuerdos a la manera como lo escribiera Flaubert en cierta misiva: “Los recuerdos pueblan nuestra soledad”, los hombres encuentran sus momentos predilectos para sacar a flote los complejos dilemas que los hacen sentir vivos o que dicho de otra manera les dan sentido a sus existencias. Por ello vemos en repetidas ocasiones sueños perturbadores sobre hechos que se quieren producir pero que todavía no han sucedido, como las pesadillas de Veltchaninov con el hombre muerto en su vivienda, o esas interminables caminatas del poeta en “Noches blancas” por el muelle, las calles, los correderos y los campos a solas, pensando en lo inacabado de su vida. En esos excesos de soledad se construyen y se destruyen metas y ambiciones para edificar otras de igual durabilidad, los hombres van a la deriva, no tienen ancla y sus velas no se pueden recoger. Sin embargo siempre está allí, la indestructible y provocativa soledad dispuesta  a cambiarles la personalidad.

Lo que sucede con los personajes de Dostoievski es comparable a un temblor de escalas titánicas dentro del desarrollo de la literatura en comparación a otros personajes que ha dado este arte. Si observamos un ejemplo clásico de tragedia, en este caso Los Persas de Esquilo (siglo V A.C) anotaremos de entrada una disposición en los personajes ya señalada, esto es, unos comportamientos previsibles y perdurables a medida que la obra avanza y que se encargan de ahondar más en la radicalización de la personalidad que el dramaturgo les ha otorgado. Así podemos observar que el Coro  se desespera al remembrar eras pasadas de sublime gloria. Atossa discurre en un ir y venir de lágrimas por la pérdida de la armada persa y Jerjes se entrega a una melancolía derrotista que ya había sido anunciada por el fantasma de su padre Darío. Los personajes no se salen de los moldes de comportamientos claramente definidos y propios de la tragedia griega, situación que se hará ausente en los personajes de Dostoievski de manera notable. No obstante, tanto la tragedia griega como la obra de Dostoievski guardan cierta relación en la efectividad de la catarsis, precipuamente en la depuración reconciliadora que de algún modo presentimos que calma las mareas de caos en la tragedia griega y que logra en el caso de las novelas del escritor ruso amainar los conflictos internos que definen el trasegar de sus héroes mediante la hermandad con el prójimo. Pero solo es eso, un amaine.

Los hombres de Dostoievski  ahondan en sus excesos porque su mundo es nuevo, recién se están enterando de él, tal como un niño que se lanza a la aventura mientras da sus primeros pasos, no ven infracciones al orden en lo convencionalmente aceptado como malo y no aspiran a tener los medios para ser alguien “bueno”. Aun salvaguardando las notables y claras diferencias el hombre de Dostoievski está tan arrojado a este mundo como lo estuvieron los colonizadores de la ciénaga en donde se construyó Macondo, esas gentes que hallaban piedras ribereñas parecidas a huevos prehistóricos y que se sorprendían por las novedades de un mundo recién hecho, construido, formado…nuevo. En el héroe de Dostoievski la búsqueda insaciable del hombre que llevan adentro les obliga a desenmarañar los rincones más escondidos de la naturaleza humana para desenterrarlo y purificarlo con sus peculiares rituales. Los conceptos no son tan claros en estos hombres y por eso toman varios caminos acompañados de experiencias únicas que les clarifican y en otras tantas ocasiones les entorpecen  sus apreciaciones de la realidad. Son hombres nuevos conscientes de su inacabamiento, de su incompletud y por ende dueños de un prístino afán expansionista-devorador verdaderamente impresionante. De nuevo Zweig apunta lo siguiente: “Ningún vicio mancha, ningún crimen corrompe, ningún tribunal es válido ante Dios sino la consciencia: la razón y la sinrazón, el bien y el mal, son meras palabras que se disipan en la hoguera del sufrimiento.”

La evidencia nos señala que los héroes del “poeta volcánico” han visto la luz recientemente, se ilusionan con otros torrenciales amaneceres por ser descubiertos y con ellos el dolor seguirá cosechando prósperamente sus contradictorios frutos de cuyas semillas germinarán los brotes de un hombre único que nos recordará o proyectará la esencia misma de un sujeto que hoy en día se ha extinguido o que espera por ser descubierto gracias a que “la consciencia , que plantea la cuestión del para qué y por qué, se precipita en la oscura inmanencia del desarrollo de las fuerzas instintivas y no pasa de la muda tautología: la voluntad se quiere a sí misma.” (Safranski, Rudiguer. 2010, pág 87). Lo cual nos lleva a inferir que los mencionados hombres de Dostoievski son abocados creadores de preguntas, de respuestas, de virajes insospechados en un mundo que se cansa de las a veces impresentables remodelaciones de viejos relatos.

Dostoievski construye en su obra definitivamente una nueva forma de apreciar la compleja red  de significados que forman nuestro mundo,  moldea dicha polisemia poniendo como barro su propio cuerpo y lo diseña según las indicaciones más puras que le dicta su espíritu. Su religiosidad que lo empecina a desarrollar originales horizontes especulativos acerca de la existencia misma del ser humano es la regla sobre la cual se trazan las marcas de la fraternidad venidera, aquella que se convierte de forma precisa en el fin último de su obra. En palabras de Isabel Cabrera se aventura que “La salvación que ofrece es la posibilidad de la expiación y la redención a través del propio sufrimiento y la promesa de una nueva vida” (2000, pág 87). El gran génesis del cual ellos son dueños y creadores, no les impide ni castiga sus acciones, es un mundo que se está realizando poco a poco a base de caer y caer, vagar y vagar hacía la infinitud inquisidora de fronteras. Solo ahí saldrá ese hombre escondido, el primus inter pares, el que se ha cocinado en las ardientes calderas del sufrimiento.

Diego A. Hio R.   
 -------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Bibliografia:

Zweig, S., (2011) Tres maestros (Balzac, Dickens, Dostoievski). Buenos Aires, Argentina: Editorial juventud Argentina.

Dostoievki, F., (2006). El eterno marido. Ciudad sin especificar: Editorial Alianza editorial.

Dostoievski, F.,  (2015). Noches Blancas.  Madrid, España: Nórdica libros.

Geertz, C., (2003). La interpretación de las culturas. Barcelona, España: Editorial gedisa, S.A.

Beltrán Almería, L., (Fecha sin especificar, 2012) El pensamiento de Dostoievski. Aún aprendo, Estudios de literatura Española. Volumen (97), P. 271-280.

Safranski, R., (2010) El mal o el drama de la libertad. Barcelona, España: Fabula tusquets editores S.A.

Cabrera, I., (Fecha sin especificar 2000) Dostoievski y Tolstoi: Dios como texto. Fractal, revista trimestral. Volumen (19).

Hauser, A., (1978) Historia social de la literatura y el arte. Barcelona, España: Editorial Labor, S.A.

Esquilo. (1993) Tragedias. Madrid, España: Editorial Gredos, S.A.


Comentarios

Entradas populares de este blog

La Biblia de Simon Bisley

No es secreto que el arte religioso a lo largo de los últimos años ha pasado desapercibido por numerosos artistas a la hora de construir imaginarios pictóricos en base a sus diversos temas. Ya no es el arte religioso el punto nodal desde donde parten propuestas estéticas capaces de transformar el rumbo del arte y con ello apreciarlo, contemplarlo y analizarlo. Atrás en el tiempo, parecen quedar esas asombrosas muestras de maestría de los antiguos artistas que con un tema bíblico infringían normas técnicas y estéticas para luego sentar un canon imperecedero que áun conmueve a los espectadores por la sutileza y precisión con la que fueron ejecutas y pensadas esas obras. Tiziano, Leonardo, el mismo caravaggio, Rubens entre otros grandes maestros que supieron ver en los temas biblícos maneras de sentir a la propia humanidad de su tiempo, parecen observarnos mediante sus cuadros y recordarnos los conmovedores caminos eternos del arte pictórico occidental no prehispánico. Por supuesto, Albe...

LO ORWELLIANO EN "ESCUELA DE VENTRÍLOCUOS" DE ALEJANDRO JODOROWSKY.

El celebérrimo libro 1984 (1949) , en realidad titulado en inglés Nineteen Eighty-Four , de George Orwell tuvo una inusitada venta durante la segunda mitad del año 2016 producto de las elecciones presidenciales estadounidenses. Las versiones que algunos expertos esbozaban en sus opiniones acerca de dicho resurgir de la obra del afamado escritor británico estaban enfocadas en sugerir que había un temor latente en el público por lo que podría deparar el futuro si uno de los candidatos en pugna lograba triunfar. Se escribieron muchas reseñas del libro desde la óptica de un posible totalitarismo fascista en el siglo XXI con intenciones apocalípticas, y muchos curiosos consultaron de nuevo la definición del intricado término “orwelliano” en los diversos diccionarios a mano u online.      Dentro de esa marea de incertidumbre y viendo el fresco del escenario que Orwell retrató en su novela y un poco en “Rebelión en la granja ” (1945), aparecían en los mass media...

El papel de la “imaginación” en la transformación de Batman en indigente ibaguereño

Trabajo de campo. Fotografía tomada por el colectivo M.A.F.I.A El concepto de antihéroe trae una poderosa carga emotiva por su inherente y clásica asociación a la figura del carismático Alonso Quijano en su versión de caballero errante (El caballero de la triste figura) y actualmente dicha ligación conceptual está cercana a las distopías literarias alentadas por las dos marcas gigantes del cómic mundial: DC Comics y Marvel. La primera con su línea “ Elseworlds ” y la segunda con “ What if …?” intentan trabajar mucho este punto de vista, tan es así que personajes antes olvidados como The Punisher (en el seriado de Netflix), Ghost rider o Dead pool (antihéroes por excelencia) han cobrado una inusitada relevancia en el público infantil y adulto. Los anteriores personajes destacan no precisamente por ser ejemplares dentro de lo establecido en sus maneras de obrar respecto al asunto que les compete; por ejemplo tanto The punisher (1974) como Spawn (1992) asesinan sin piedad al mal...