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CIUDADES


Tomado de Assassin's Creed Syndicate

Desde hace algún tiempo mi ser ha sido invadido afanosamente por la creación depravada de constantes analogías en lo que veo y leo. Dicha gustosa  patología arroja unos réditos aberrantes, melodramáticos, cómicos y de un tiempo para acá estúpidos; con respecto al tema de las ciudades, que siempre me ha parecido embelesador, nunca he dejado de generar analogías de diverso orden como aquella que se me ocurrió en cierta ocasión sobre las cucarachas y ranas. Cuando iba a ciudades de tierra caliente suplicaba a mis acompañantes de travesía que antes de asesinar cruelmente al insecto en cuestión me permitieran observarlo durante un prolongado tiempo, efectivamente los presentes se perturbaban por mis pedidos y me observaban con cierto aire de rareza para muchos fundamentado, luego con las ranas la cosa fue distinta y hasta originó una conversación con un pequeño primo que me ayudaba a encontrarlas en un matorral. ¿Usted estudia para profesor o científico de ranas? Me preguntó el niño. A lo que le respondí recordando una frase de Popper que leí en una página web de frases célebres: “El aumento del conocimiento depende por completo de la existencia del desacuerdo.”  Aunque luego el bien afamado actor de los mejores westerns que haya visto Clint Eastwood me arrojaría un baldado de agua fría cuando sentenciaba en uno de sus filmes: “Un hombre debe conocer sus limitaciones” mi pequeño primo me acaba de complicar la vida con esa aparente sencilla pregunta y por ello preferí quedarme callado, pero no dejé de seguir buscando ranas para luego compararlas con las que podía hallar cerca de mi casa. El resultado fue la creación ya hace cuatro años de un texto mal redactado y carente de rigurosidad en la citas, en el que explicaba para mí mismo las diferencias entre las cucarachas y ranas de una ciudad y otra.

Hoy soporto con gran alegría mis usuales ataques comparativos entre ciudades con Ciudad gótica o Gotham city (dependiendo de las preferencias idiomáticas), Bogotá y la Londres victoriana como leitmotiv. En realidad he fantaseado con la idea de que Ciudad gótica es una especie de extensión de aquella Londres imperial llena de cólera, gentlemans, explotación laboral, dandis, tuberculosis, detectives con humos filosóficos, sífilis…etc, (o agréguenle otra característica que consideren necesaria de aquella city que pretendía estar en la onda polite). A fortiori según mi faena imaginativa serían una misma ciudad. Pero no lo es desafortunadamente. La serie de Batman- DC comics titulada Batman Inframundo (año) se encarga de despejar esa duda cuando afirma que Ciudad gótica como la mayoría de las ciudades de todo el continente americano surgió a partir de las múltiples olas de inmigrantes. Pero si nos ceñimos a un único tema sumamente atractivo las semejanzas en el último tiempo se emparejan entre aquella ficcionada ciudad y la otrora poderosa e imperial capital británica, en especial cuando nos referimos a menesteres de orden sobrenatural o a asesinatos. Los cómics de nuevo  nos arrojan con su singular maestría a un mundo alterno en el pasado y el presente, nos ubican en medio de fuerzas avasalladoras que luchan ferozmente en medio de un ambiente que los ignora; me refiero principalmente aquí a Gotham by midnight , a Witchfinder/cazador de brujas, la serie de Asesinatos victorianos de Rick Geary entre otros títulos. El primero es un comic atrevido, sugerente y por tanto atractivo, su trama gira alrededor de las aventuras de un grupo especial de agentes paranormales que el renombrado inspector James Gordon organiza para combatir a las fuerzas del mal que tanto él como el murciélago enmascarado no pueden enfrentar. De esa forma Gotham city tiene un cuerpo policial que va detrás de los malhechores que si pueden encarcelarse, dar de baja o confinar al Arkham asylum, y también un cuerpo de la comisaria que explora los rincones más ocultos que la poderosa razón científica no puede explicar. En efecto se trata de un cómic sobre ciudad gótica en el que Batman no es protagonista y si aparece lo hace de forma fugaz y siempre preguntando sobre los avances investigativos en varios casos en los cuales luce como un total profano.

Esa Ciudad Gótica es oscura, gris, lluviosa, atiborrada de maldad y decadencia social ¡cuándo no! Las gentes  no se hablan en las calles y las caminan con gran desconocimiento de lo que ocurre más allá de sus fronteras “visuales”. Viven presas del tiempo y de las manos criminales de los tugurios sombríos. Ahora bien, observemos esta descripción que hace Charles Dickens en Casa desolada (1853) de la Londres que le correspondió habitar, vale la pena leerla:

 “Londres, Hace poco ha terminado la temporada de San Miguel, y el Lord Canciller en su sala de Lincoln’s inn. Un tiempo implacable de noviembre. Tanto barro en las calles como si las aguas acabaran de retirarse de la faz de la Tierra y no fuera nada extraño encontrarse con un megalosaurio de unos 40 pies chapaleando como un lagarto gigantesco colina de Halborn arriba.
Humo que baja de los sombreretes de las chimeneas creando una llovizna negra y blanda de copos de hollín del tamaño de verdaderos copos de nieve, que cabría imaginar de luto por la muerte del sol. Perros invisibles en el fango. Caballos, poco menos que enfangados hasta las anteojeras.
Peatones que entrechocan sus paraguas, en una infección general de mal humor, que se resbalan en las esquinas, donde decenas de miles de otros peatones llevan resbalando y cayéndose desde que amaneció (si cupiera decir que ha amanecido) y añaden nuevos sedimentos a las costras superpuestas de barro, que en esos puntos se pega tenazmente al pavimento y se acumula a interés compuesto.”


Para nadie es un secreto que gran parte de nuestra disposición anímica para asumir una jornada se ve alterada por el tiempo. En unas personas más que en otras, John Ruskin no vaciló en bautizar ese fenómeno que irrumpe en algunos como "falacia patética", muy común en los artistas del romanticismo y excelentemente trabajada por autores posteriores. Sin embargo nuestros personajes no adolecen en demasía de la "falacia patética", más bien creería que brotan de esa realidad sin la cual sus personalidades serían imposibles, es decir, ya no son ellos los que asignan partes de su confuso ethos al exterior sino que son casi uno solo con el ambiente, con aquel exterior que se erige como un elemento vivo.  Vemos que en el pequeño pasaje citado de Dickens es el ambiente de ese Londres victoriano el que envuelve y fustiga a los habitantes de tal forma que los hace parecer inherentes y amarrados a dicha ciudad, en Opio en las nubes de Rafael Chaparro Madiedo he sospechado algo análogo con Bogotá y en Gotham by Midnight  de Ray Fawkes sucede lo mismo. El papel de las ciudades como se ha podido evidenciar es preponderante para el desarrollo psicológico y físico de los personajes, se puede decir que para los protagonistas de Gotham by Midnight y  la primera entrega de  Wichtfinder la ciudad es lo que para Hamlet era el castillo donde reinaba su tío y su madre. Lo cual es algo ya muy sugerente.

El gran guionista y escritor Mike Mignola, famoso desde hace ya un largo tiempo principalmente por la creación de ese admirable universo que combina lo Steampunk, lo lovecraftiano y el folklor llamado "Universo Hellboy", nos trae un trabajo exquisito y mejor dibujado llamado Wichtfinder. Allí un investigador de la nobleza británica conocido como Sir Edward Grey trata de destejar la marisma que se cierne sobre una sociedad que al igual que la de Ciudad Gótica desconoce los alcances de lo paranormal. Se trata de un  tipo de Sherlock Holmes de lo fantasmal y de la criptozoología, solo que Sir Edward Grey es más arrojado a la lid y carece de los procesos cognitivos profundos que puede llegar a alcanzar el investigador de Sir Arthur Conan Doyle. Sin embargo tienen algo en común, pues viven en el mismo Londres de finales del siglo XIX, allá donde acechaba Jack el destripador en los suburbios del temible barrio de Whitechapel. M. Mignola logra crear una obra en la que la labor investigativa de los sucesos extraños a los mortales del común tiene sus inicios en el siglo XVII con la incineración de brujas provocada por los protestantes puritanos surgidos del  gran cisma, luego pasa por el periodo victoriano en donde Sir Edward Grey es el eje central, el paladín de la luz que lucha contra la oscuridad hasta llegar a los días del archiconocido Hellboy. Sir Edward Grey es un personaje que se queja a menudo de su ciudad, le molesta la rutina, ver siempre lo mismo y darse cuenta de la maldad que impera en los habitantes de aquella metrópoli. Es un ciudadano que conoce muy bien la ciudad, la recorre, la piensa y la ataca, por ese motivo fue comisionado por la reina Victoria para salvarla de la magia negra que le hacían unas brujas (curiosamente tres como las de Macbeth). Luego de contrarrestar a las hechiceras se le otorga el título de "Sir" y de paso el de "Cazador de brujas". En ese texto ¿qué sería de Sir Edward Grey sin Londres? nada, la ciudad lo atrapa,lo sumerge, lo ahoga, pero también le otorga vida.

La ciudad es olvido, odio, belleza, perdición, amor y también epifanía, la epifanía es una palabra religiosa que James Joyce acuñó en la literatura y que significa "revelación o manifestación" generalmente de algo divino. La epifanía en la ciudad ocurre a cada instante en los cómics en cuestión, es más se podría decir que gracias a ella se dan los giros internos que provocan los externos en la trama. Es el choque contra lo desconocido, contra verdades ocultas lo que origina nuevas búsquedas, nuevos sospechosos y conspiraciones. La epifanía entonces estaría relacionada con la pesquisa y el posterior hallazgo de indicios a veces dolorosos que nos trasladan a otras fases de análisis de problemas que posibilitan conjeturas. En ese ir y venir de datos que los personajes procesan siempre va a estar la figura omnipresente de la ciudad como ente regulador e influenciador de las decisiones de cada quien. Pero ¿qué es la ciudad? ¿no será que en vez de ser algo lleno de cosas materiales, estará lleno de individualidades? En qué medida y hasta qué punto la una condiciona a la otra, ese es tema de otra entrada. Por el momento seguiré con las analogías de todo tipo; lo de las cucarachas y los sapos nunca fue en vano.

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