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| Simon Bisley, La Biblia - La caída de Lucifer. Editorial Norma. |
Oraciones, menjurjes urdidos con dispares especias, cábalas de diverso
origen, elixires postergadores y cegadores de vidas, visitas a lugares poco
afamados por su ingrata comodidad espiritual, invocaciones a entidades que
sobrepasan los planos de lo meramente existencial, materiales exóticos,
ordinarios y escalofriantes, lecturas endemoniadas de textos redactados por
finos y abyectos colegas del célebre Alhazred, modos de vida que se substraen
de los menesteres vulgares de las gentes del común, hermandades que sospechan
hasta del canto de un rayo y que presagian como las brujas de Macbeth las
aberrantes contradicciones del género humano y su oscuro porvenir, apariciones
en noches arropadas por la diosa Nut de oscuras entidades bajo el canto de las
lechuzas y el vuelo descoordinado de los murciélagos, monstruosidades y ecos de
ultratumba que van y vienen, cartas con extrañas figuras y todavía más
desconcertantes jeroglíficos...etc. Todo lo anterior y mucho más está plasmado
en los grimorios ocultos y descubiertos que la vesania genialidad hecha
maestría de la palabra ha logrado crear en el trasegar completo de las eras
humanas. Estos textos que en algunos
momentos alcanzan puntos altos de valor estético son representaciones efímeras
y a veces perdurables de folklores nacionales significativos porque descorren
las cortinas ocultas de sentires comunitarios respecto a situaciones
influyentes dignas de un fisgoneo detallado. Siguiendo lo anterior, los
grimorios se presentan como respuestas a la desazón brotada de la consustancial
curiosidad que desde tiempos de nublosa memoria ha tenido el hombre y por ello
son parte inalienable del pensamiento de pueblos victimas de silenciamientos estatales y
religiosos, pues ese saber pareciera estar abocado a padecer el horroroso
destierro no solo físico sino intelectual-abstracto de las mentes inquietas de
los hombres. De cualquier modo Lucifer, el literato, editor y nigromante se da
el lujo de hacer una afanada dedicatoria romántica para los humanos en la
introducción de un libro suyo entregado al insano Jonás Sufurino: “Dedicamos
este libro al nuevo adepto en las ciencias desconocidas” (Cipriano, fecha sin
especificar, p 12). Ello con el aparente fin de ganar popularidad, ¿realmente
la necesita?
Hay
muchas definiciones que tratan de responder acertadamente al concepto de
Grimorio en general; un término olvidado, usado, anacrónico pero a la vez no
tan ambiguo como en primera instancia pareciera serlo, veamos, la Real academia
de la lengua solo tiene una acepción para la palabra en cuestión: “Libro de
fórmulas mágicas usado por los antiguos hechiceros[i].”, por otro lado la
insigne y añeja Encyclopædia Britannica en su correspondiente apartado dice: “
A magician’s manual for invoking demons and the spirit of the dead[ii]” además apunta un dato etimológico
sugestivo de gran valor relacionado: “ Origin of grimoire: From old french,
alteration of grammaire gramar, gramar book, learned work, book of witchcraft”.
Quizá sea esta última definición la que más hondo ha calado en la memoria
colectiva occidental durante siglos, no obstante se anota casi el mismo
significado que correspondería al esqueleto del término: la interferencia de la
magia en los textos dedicados a engrosar
ese acto llamado brujería. Ahora bien ¿qué es la brujería? Para Ian M. Lewis y Weffrey
Burton Russel[iii]
no se puede hablar en términos generales que agrupen categorías estrictas entre
sí al referirnos a este anquilosado tema debido a que cada cultura construye un
pensar diferente y original de esa palabra, de tal forma que para unas culturas
la brujería y sus manifestaciones es benigna mientras que para otros solo hace
parte de los mandatos malintencionados de ángeles caídos, entidades
sobrenaturales o astrológicas que guían a los mortales mediante intricados
pasos (algunos registrados en los grimorios) para lograr sus ocultos fines, por
tanto para estudiar la brujería se deben
hacer estudios de tinte antropológico y arqueológico para no sucumbir ante las
horrorosas vaguedades que se suelen nutrir de aquella infecciosa tendencia a la
generalización, pues dicho conocimiento relacionado con las doctrinas y
prácticas está más que relacionado con los folklores regionales que con las
dinámicas coherentes y planas de los tiempos históricos.
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| Paulo Auladell. El paraíso perdido de John Milton. Editorial Huacanamo. 2012. |
El
término es tan complejo que incluso la etimología de la palabra varía mucho de
acuerdo a las lenguas, miremos algunas europeas: witchcraft (Inglés) que a su
vez deriva de Wicca, sorceillerie (Francés), Hexerie (Alemán) o Stregoneria
(Italiano), dado lo anterior atreverse a conjurar una definición absoluta no es
del todo recomendable porque destripa posibles realidades constitutivas de las
llamadas ciencias ocultas; cada quien elabora, entiende y expresa su
experiencia y teoría frente a ese algo misterioso como lo hiciera el enigmático
Hermes Trismegisto en su libro Corpus
Hermeticum o también llamado Hermética.
De cualquier modo pareciera que mucho de eso que está circunscrito dentro de la
brujería no sería posible sin la rauda y
efectiva intermediación de los grimorios, textos de los cuales se escribe,
habla y susurra en abundancia, pero de
los que también poco se estudia con detenido juicio certero; y aquí no se culpa
a nadie puesto que el cambio de paradigmas muta continuamente y dichos saberes
allí expresados no dejan de ser para la gran mayoría recuerdos de una
“infancia” febril e inocente del pensamiento humano. Algo tan lejano y
candoroso como lo insinuado por José A. Silva[iv]:
“Infancia, valle ameno,
de calma y de frescura bendecida
donde es suave el rayo
del sol que abrasa el resto de la vida."
En
los grimorios existen determinadas pautas para quienes osen internarse
lealmente en las ciencias ocultas, principalmente se refieren
ininterrumpidamente a la conducta que el aprendiz tome referente al
conocimiento, por ejemplo en la Clavícula
de Salomón[v]
el monarca judío le habla a su hijo Roboan sobre el prudente proceder con los
artefactos (talismanes y amuletos) y espíritus que moran en los diversos planos
existenciales que hacen de Salomón un rey de eminente sapiencia, la información
que le da a su hijo le será útil para perpetuar el conocimiento y con ello el
poder sobre su reino. El Salomón de este grimorio es más un brujo conocedor de
las artes oscuras y benignas que un profeta y monarca enviado por Dios (como el
de la biblia), se le nota más libre, crítico, y con cierto tono de advertencia
en sus instrucciones que lo acercan a las conocidas Instrucciones de Amenenhat del antiguo Egipto, aunque haciendo la
salvedad de que éstas últimas son más moralistas y políticas que las expresadas
en el grimorio. Salomón finalmente exhorta a su hijo a ver la magia como un verdadero
oficio que tiene disciplina, entrega, fe, coraje, valentía, sinceridad y
cuidado. En el Grimorio de san Cipriano
el lugar de tutor lo ocupa el mismísimo Lucifer, quizá el más gracioso y
comprensivo diablo que haya existido en toda la historia escrita a mi juicio,
al igual que Salomón Lucifer previene a su pupilo sobre el cuidado, el proceder
y las grandezas que se consiguen sí se persiste en cumplir lo dicho en el
grimorio, no sin antes dejar claro que ha sido muy indulgente y bonachón con
Sufurino (¡Todo un diablillo!).
La
diferencia estética entre uno y otro texto es grande, mientras la Clavícula de Salomón es más práctica y
deja de lado tanto prefacio de ensueño, el Grimorio
de San Cipriano posee una introducción y explicación de los pasos más
elaborada, detallada y pulida, por lo cual a mi manera de ver el Grimorio de
San Cipriano tuvo que haber sido redactado por una persona más versada en los
asuntos literarios a causa de la técnica allí expuesta (Sin contar que ha
estado sometido a constantes revisiones privadas a lo largo del tiempo). Un
ejemplo más de este tipo de introducciones de advertencia que se sitúan en el
encabezado de los textos es el del Grimorio
de la Gallina negra[vi],
el tutor de este influyente y clásico libro de hechicería es un anciano y mago
egipcio que realiza sus invocaciones bajo la sombra de las monumentales
pirámides y demás templos del país de los faraones, es un mago inteligente,
prevenido y misterioso que se jacta de interpretar con gran fluidez los saberes
inscritos en las paredes de las tumbas en forma de jeroglíficos. Pues bien, al
igual que Salomón, Lucifer, Caín o cualquier otro maestro de estas ciencias
ocultas el anciano egipcio busca legar su saber a un aprendiz elegido por sus
condiciones especiales para que éste haga con todo ese conocimiento lo más conveniente,
lo anterior acerca esta teoría a la famosa regla de dos[vii]
propia de los Sith de Star Wars (guardando las respetables proporciones).
Ahora bien, ¿qué es lo común en estas escrituras? Me adelantaría a decir que es
la instrucción justificada con temores nacidos de tradiciones arraigadas en
donde se enseña a partir del surgimiento de miedos. ¿La pedagogía del miedo?
Quizá, pero me apego más a lo expresado por la Encyclopædia Britannica cuando
subraya la condición de manual en estos textos, manuales que recogen lo
esencial sin divagar. Sea ésta tal vez la posición más ajustable para definir a
los grimorios.
En
el distinguido Tractatus
Logico-philosophicus Ludwig Wittgenstein manifiesta una premisa sobre la
cual se asienta parte de la práctica de la hechicería, la cual tiene que ver
con la entronización de la palabra sobre cualquier otra declaración para la
consecución de las soluciones a los problemas filosóficos, a fin de cuentas
según Wittgenstein todo problema de la filosofía es un problema del lenguaje. El
estudioso alemán escribe: “Los límites de mi lenguaje significan los límites de
mi mundo”, para el mundo académico la anterior afirmación representó un cambio
en el modelo de pensamiento radical cuya mayor consecuencia se vio en el
asombroso despliegue de los estudios del lenguaje durante el siglo XX, mas para
los estudiosos de las obras de magia esa expresión solo significó una
rejustificación de lo que durante siglos se creyó. El mago es ante todo un
devoto exacerbado de la palabra, del lenguaje escrito y hablado porque de allí
parte su éxito, sabe al igual que el inteligente mercader de tiempos pretéritos
que su fuerza se proyecta eficientemente sobre las demás voluntades cuando es
escrupuloso, consciente y lúcido con el manejo de esa “álgebra embrujada” que
se ha erigido para comunicar a los hombres. Parafraseando burdamente a
Wittgenstein diría que el mundo es posible porque lo creamos, lo endiablamos,
transformamos y filosofamos a la usanza metafísica en la hechicería, por tanto
y como ya lo sospecha Esther Cohen en Con
el diablo en el cuerpo (2003 )[viii]
la magia, la filosofía y la ciencia solo son variables investigativas de un
arrojo perenne de las mentes humanas.
Sí
la palabra es poder en la hechicería, entonces los grimorios son dominio y autoridad
sobre los creyentes, aunque a decir verdad la buena literatura logra también
ejercer ese influjo “aterrador” cuando nos ha afectado de diversas formas en
medio de la relación pactada entre texto-lector, Fernando Savater diría: “Todo
libro es, a su modo mágico; aún más, en el ya antiguo rito de la lectura
siempre hay algo de conjuro y brujería” (F. Savater citado por Juan Arguelles.
2008, pág sin especificar.) por ahora observemos algunos de esas realidades que
las palabras de los grimorios son capaces de hacer latentes y viscerales: dice
Salomón en el grimorio atribuido a su autoría que hay un talismán bastante
provechoso para alcanzar la buena salud, la protección contra la magia negra y
la prosperidad, quizá sea la consigna vuelta eslogan de toda una legión de neohechiceros
alrededor del mundo:
Efectivamente
Abracadabra
en la clavícula de Salomón es un
fuerte talismán que debe inscribirse sobre una piedra mágica para hacerse
efectivo, su origen es desconocido y enigmático, pues muchos se inclinan a pensar que es más propio de la
lengua aramea que de la hebrea y viceversa, aún se mantiene la pugna por saber
la prosapia etimológica de la misma, de cualquier modo en el mundo de la lengua
aramea sería más razonable al hablar de Abracadabra
en su definición aproximada de esta forma: Creo como hablo, o creo en la
medida que hablo. ¿De nuevo Wittgenstein? Este talismán es el más famoso de los
inscritos en el grimorio de Salomón pero su más vieja data se remonta a los
escritos del romano Serenus Sammonicus (siglo II d.c). No obstante el más
poderoso talismán que poseía el monarca judío era el llamado Gran talismán Dominature, un potente
artefacto que dominaba a los espíritus elementales de la tierra y otras
constelaciones para que cumplieran los deseos de quien los invocara, lo curioso
es que este talismán y el otro conocido como El dragón rojo no han pasado invictos en su fama primigenia a la
posterioridad. Los talismanes se guardan, fabrican y ejecutan en determinados
tiempos marcados por el recorrido del sol, la luna, los vientos, los planetas y
las aguas, son entes vivos sumisos y rebeldes que requieren de especial
atención. Sus funciones son muchas y escandalosas, pues pueden ocasionar grandes
daños si son usados contra personas o animales (¡eso dicen los grimorios!),
alterar los estados de ánimo de las personas, levantar muertos de su necesario
y envidiado descanso y ocasionar enamoramientos inesperados de personas
que antes se hallaban en franca
hostilidad. Las consecuencias de su utilización son muchas, pero todas se
explican al aprendiz antes de llevarlas a cabo, por lo cual se asume que quien
ejerza magia con talismanes sabe de antemano las derivaciones que sus acciones
tomarán sobre el mundo.
En
el Grimmorium Verum[ix]
atribuido a un mago egipcio y al mismo Salomón se hace más énfasis en las
invocaciones demoniacas directas, en los pactos con los elementos naturales y
en la forma como el hechicero debe aprender a comportarse respecto a los
sucesos que está atrayendo, menciona los sellos de cada demonio: Lucifer,
Belcebú, Astaroth y otros demonios llamados en el libro como interiores, que
más bien serían inferiores. Contiene rezos de invocación y recetas para la
creación en noches sin luna de materiales propicios para el sacrificio,
encadenamiento, adivinanza, prosperidad y terror. Destacan dentro de éstos el
Mágico cuchillo, instrumentos hechizados, el cuchillo de sacrificio, una
pequeña lanza, el pergamino virgen, la sal, agua, perfumes, la pluma para el
arte, la tinta mágica…etc. No deja de sorprender el grado de similitud entre
este grimorio y el de San Cipriano, no solo en cuanto a las invocaciones infernales
y demás sino en la explicación de los instrumentos que el hechicero debe
poseer, agregando que en el grimorio de San Cipriano se nota más una cercanía
con esa idea de mago tradicional que se posee en nuestros días, allí se tienen
instrucciones de atuendo (vestido con gorro de copa), libros de hechicería y
sus ramificaciones: nigromancia, ataduras, pactos, oraciones,
desdoblamientos..etc. Y la famosa varita mágica sobre la cual se escribe: “Se
buscará un avellano silvestre o que no haya sido cultivado por la mano del
hombre (…) Una vez hallado se deberá esperar el día del sol, o sea el domingo,
en el mes de junio, en días 2 al 30, se tomará el “cuchillo de mango blanco” y
con él en la mano, se deberá estar al pie del avellano, para que cuando se presente
el sol en el horizonte, cortar la rama que ha de utilizarse.” (Cipriano, pág
20). No se puede obviar cierto goce experimental al leer pasajes como el
anterior, son capaces de transportarnos a otras realidades… en fin.
Los
magos como lo apuntan la mayoría de los grimorios deben sobrepasar algunas
etapas en su formación, muchas de éstas están influenciadas no por una
tradición autónoma de sectas de hechicería sino por condiciones
socio-culturales de determinados tiempos históricos de evolución, al igual que
las religiones oficiales, las llamadas “ciencias ocultas” se transforman de
acuerdo a los movimientos de costumbres y pensamiento desde donde se
desarrollan, en el caso de la formación de hechiceros se habla en el grimorio
de San Cipriano de deseo, perseverancia y
dominio. El deseo está ligado a los
anhelos del principiante quien obra a través de la súplica para ejecutar sus
“trabajos”, la perseverancia es usada por el iniciado para lograr la persuasión
con las entidades metafísicas y finalmente el dominio que hace parte de la praxis de un nivel
superior, es decir del maestro asegura un poder sobre su “arte” y los espíritus,
este nivel es el más difícil de alcanzar y se supone el ideal. Se valen de
diversas letras negras inscritas en dispares pentagramas, especias y otros
insumos de botánica fantástica para alimentar sus deseos de apresar este
esquivo mundo con sus manos, la practica de la hechicería es un acto de
independencia y de saber que si bien discurre por sendas poco ortodoxas merece
ser tenida en cuenta por su innegable papel en la conformación de ese
inconsciente colectivo que nos domina.
Creencias
sobre el influjo de las fases lunares sobre el desarrollo de los cultivos, las
apariciones sobrenaturales que aún se escuchan de boca de contemporáneos, los
frascos con extraños huesos en su interior que se excavan de casas que han sido
hechizadas por un brujo o bruja, las extrañas enfermedades que aquejan a las
desdichadas gentes que les vino en suerte afrontar un mal desconocido por la
ciencia y que es atribuida por consecuente algarabía a un “trabajo de
brujería”, los objetos y personas que se pierden de un momento a otro y que al
cabo de unas horas aparecen en sitios inexplorados, las visiones al mismo modo
de los ovnis que muchos juran tener de brujas volando sobre los tejados de los
creyentes, los muñecos agujerados infamemente por las manos entendidas de
“doctos ilustrados” y los fracasos amorosos inherentes a una falta de
comunicación o de gusto que son achacados a trabajos metafísicos por mala fe
hacen parte todavía de una cosmovisión plantada sobre la búsqueda incesante de
explicaciones para todo lo que nos inquieta. La ciencia sigue librando su lucha
para desmembrar estas creencias del populacho empecinado en ver más allá de lo
obvio, pero entre tanto los grimorios siguen hablándole al oído a las personas
que se aprestan para su discurso atrapante y convincente, estos libros siempre
estarán allí para cubrir los grandes vacíos que los llamados intelectuales no
pueden suplir.
[i] Diccionario de la Real
academia de la lengua. (2012). Recuperado de:http://lema.rae.es/drae/?val=grimorio
[ii] Encyclopædia Britannica.
Versión digital. Recuperado
de: http://www.britannica.com/dictionary/grimoire
[iii] Lewis &
Burton. Witchcraft. Encyclopædia
Britannica [versión electrónica]. NewYork, EU: Encyclopaedia Britannica Inc.,
http://britannica.com
[viii] Cohen, E. (2003) Con el diablo en el cuerpo. México D.F,
México: Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara, S.A..
[ix] Autores sin especificar.
Grimorium Verum. Recuperado de: http://www.akor.cc/More%20Books/GrimoriumVerum.PDF.
Cipriano ( 2011) El libro de San Cipriano. España: Nabu
press.
Arguelles, J., D.
(2008) Antimanual para lectores y
promotores del libro y la lectura. México D.F, México: Océano.




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