Uno va por los caminos del África árabe y negra y allí está recorriendo ríos, montañas y sabanas al lado de caravanas esclavistas arabo-swahilis, uno va por la India decimonónica británica o mejor dicho por el Indostán, llamado por aquel entonces Raj británico British raj y se lo encuentra de espía en burdeles o callejuelas de la entonces Bombay o simplemente tratando afanosamente de ganarse los favores de sus oficiales o de la Royal Gegraphical society en aras de emprender viajes de exploración, uno echa una vaga ojeada a los historiales de peregrinación a la Meca por parte de europeos del siglo XIX y allí está de nuevo, con un turbante en la cabeza, aparentemente sin circuncidarse y alardeando de su progenie árabe y de su excepcional talento para los idiomas, en aquel caso del árabe, incluso uno puede ver exploraciones inmediatamente anteriores a la fiebre del caucho en el amazonas y allí va a estar subido en una canoa, visitando comunidades indígenas y seguramente aprendiendo a desenvolverse con fluidez en las ricas lenguas amazónicas que son capaces de comunicar a este mundo con aquel del misterio. No obstante no fue por los anteriores encuentros que tuve con dicho personaje multifacético a lo largo de muchos ratos de lectura lo que me hizo escribir esto, pronto descubrí que había algo más, él además había sido uno de los traductores de Las mil y una noches y del tan mencionado texto de la literatura sanscrita: Kamasutra originalmente llamado Kama Sutra de Vatsyayana. Aquel hombre respondía al nombre de Richard Francis Burton.
Quizá lo recordaba más por una obra escrita en 2011 por Tim Jeal llamada En busca de las fuentes del Nilo en la que Burton junto a su amigo de expedición por el África John Hanning Speke buscaba encontrar las fuentes del Nilo. Ellos no sospechaban que encontrar dichos arroyuelos que luego se transforman en el gran río sagrado era tan difícil como enseñarle a nadar en el mar a un cóndor andino, igual lo intentaron con todo y los problemas que les sucedieron y eso cuenta. Al menos a mi juicio Burton fue un hombre más adelantado a sus tiempos debido a su independencia y desapego de las normas victorianas en comparación a un pedante y tendencioso al servicio de varios imperios como Henry Morton Stanley, hombre cuyo único mérito a posteriori fue el de haber encontrado al doctor Livingstone cerca del lago Tanganica y que sin embargo no desaprovechó el momento para lanzarle al enfermizo y abandonado doctor unas palabras indiferentes y de pseudo-superioridad: ¿El doctor Livingstone, supongo?...Etc. Igual a un hombre como Stanley solo creo que lo quieren los británicos y uno que otro estadounidense. Misma suerte que le corre al famoso imperialista Cecil Rhodes, hombre de los afectos de la reina Victoria, millonario, racista, odiado incluso por los bóeres y fundador de una región que llevó su nombre hasta casi las últimas décadas del siglo XX: Rhodesia. Personajes occidentales decimonónicos como Stanley y Rhodes gozaron y gozan todavía de más fama en comparación a hombres más notorios y universales como Roger Casement o el mismo R .F Burton, una pena.
El texto de Jeal es bueno en su ambientación exacta de aquella África extinta y por su técnica de enlazar acontecimientos reales, mas no tanto en las declaraciones de su prefacio a favor de Henry Stanley al compararlo con el doctor Livingstone, pues afirma el prosista que ambos se separaban de aquellos europeos rapaces que llegaron tiempo después en las décadas de los 80’ y 90’ del siglo XIX por el simple hecho de que los dos exploraban por algo parecido al “placer” por el descubrimiento y los otros por dinero, le creo al doctor Livingstone pero a Stanley no y no. ¿Y cómo le voy a creer a alguien que fue parte (indirecta o directamente) del exterminio de diez millones de congoleños en las infernales caucheras del nefasto monarca Leopoldo II de Bélgica? (El genocidio de Leopoldo) Es muy sano ver las cosas desde orillas más neutrales de la historia y no desde las imperiales Mister Jeal… en fin. No fue por ese libro que me fijé atentamente en Burton, fue por obra del siempre maestro argentino que pareciera saberlo todo: Jorge Luis Borges; su texto Los traductores de Las mil y una noches hace parte de una antología crítica e informativa del escritor en la que toca varios aspectos de la vida y del universo llamada Historia de la eternidad de 1936. Gracias a ése escrito mi interés por Burton se acrecentó y me permitió llegar más al fondo de uno de los libros más hermosamente elaborados por nuestra especie. Es todo un “manjar literario” pasearse por los mares que esconden botellas con genios en su interior o mejor jinnes en su interior (la traducción de Jinn: جن no está del todo clara), por las cuevas de ladrones ingeniosos, las arenas embrujadas del desierto, por los majestuosos palacios de sultanes y demás miembros de una nobleza que se deja seducir por la inteligencia femenina, por la mágica y ostentosa Bagdad entre otras muchas delicias. Acercarse a Las mil y una noches es beber uno de los más puros elixires de la existencia humana.
Se supone que la traducción de las noches principió en el siglo IX por obra del traductor Abu Ab-Allah Muhammed el-Gahshigar ¿Acaso en El Cairo, Damasco o Bagdad?, el aparente cuentista medieval se basó en una serie de relatos persas llamados Hazar Afsana o Hazar-o yak shab que a su vez tomaron gran parte de su corpus de viejos relatos provenientes del Indostán, Egipto, Siria, norte de África y de la península arábiga, y así construyó un texto grueso al que sin embargo le faltaban muchos de los relatos que a posteriori conformarán el canon de las noches. Sobre la identidad de este tal Abu Ab-Allah Muhammed el-Gahshigar poco se sabe, por tanto todo lo que se aventure a escribir acerca de él carecerá en muchos sentidos de la estricta veracidad indispensable para acercarnos más detenidamente y con juicio certero a los orígenes de las Mil y una noches o Noches arábigas (Arabian nights) como llaman los anglosajones a ése libro, no obstante es interesante mencionarlo para poco a poco ir develando su figura, que dicho sea de paso a estas alturas es más misteriosa que el surgimiento de Scheherezade / Sheherezada en la narración. Lo cierto es que el susodicho personaje hizo una primera organización de los relatos en su traducción al árabe, relatos que luego el arabista francés del siglo XVIII Jean Antoine Galland conseguiría en Estambul con la ayuda de un sujeto llamado Hanne (tan misterioso como el mismo Abu Ab-Allah Muhammed), Galland consiguió de manos de Hanne historias “clásicas” de las noches como Aladino, el relato de Ali baba y los cuarenta ladrones, el de las dos hermanas envidiosas de la menor…etc. (Creo que este señor Hanne merece más recordación, pero qué más da).
Jean Antoine Galland tradujo directamente del árabe los relatos que recibían el nombre vernáculo entre los árabes de Quitab alif laila ua laila y los unió en un solo texto que no vaciló en titular Les mille et une nuits, contes árabes traduits en français. Fue el primer europeo en traducir la obra con ese nombre y en otorgar un canon de anclaje que posteriormente será inamovible, en total publicó doce volúmenes de las noches entre 1704 a 1717, aunque Borges dice que fue entre 1707 a 1717...el caso es que dichas publicaciones fueron extremadamente populares y al poco tiempo ya habían elogios tanto a su traductor como a los cuentos que llevaban al viejo continente algo de la magia de aquellas perfumadas zonas “exóticas” del medio oriente, fue esa traducción la que atrajo a los demás aventureros a esos mundos olvidados por las murallas cegatonas de occidente. Aún así, la traducción de Galland no fue la mejor porque la redactó a cuestas de un milimétrico decoro eurocentrista, sumado a ello los detalles explicativos que abundan en otros traductores como Lane o Burton (el mejor en este tipo de datos) es inexistente en su obra.
Luego vendría la traducción de Lane, (Edward William Lane) un orientalista inglés conocido por su perspectiva victoriana de la traducción y por una monumental obra editada en ocho volúmenes durante la segunda mitad del siglo XIX llamada Arabic-English lexicón, en donde recoge palabras desde el árabe medieval hasta el de sus días con sus respectivos “equivalentes” explicativos en inglés. Su traducción de Las mil y una noches fue muy alabada porque reflejaba un espíritu puritano tan de moda en aquellos días victorianos que incluso podrían servir para alimentar más el ego de aquella sociedad. Lo que es cierto es que Lane fue más preciso en la traducción, estudió más a fondo las costumbres y lugares donde se desarrollaban los cuentos (vivió en El cairo) y los explicitó en un volumen alterno al de las noches llamado Manners and custom of the modern egytians (1860). Dicho texto fue un gran aporte para entender mejor los comportamientos y jerarquías de las sociedades allí plasmadas y servirá de punto de referencia para que Burton señale con más claridad las lenguas, comportamientos sociales, religiones, ubicaciones geográficas, comidas, etc en su traducción.
Algunos estudiosos le atribuyen a Vishnu Sharma la autoría de un libro Indio de expresión sanscrita llamado Panchatranta que se cree fue compuesto hacía el siglo III A.C. Panchatranta trata sobre cuentos que un miembro de la casta superior de la india a saber, un Brahmán utiliza para educar a los príncipes de un reino aún no esclarecido geográficamente. El método educativo usado por el Brahmán Vishnu Sharma consiste en enseñar mediante cuentos relacionados con animales como protagonistas y semi-didácticos a los príncipes, solo que esta vez Scheherezade / Sheherezada es él y no un personaje ficticio. Fue gracias a este Panchatranta, el Hitopadesha , Los cuentos de Jakata o las historias de Krishna que Las mil y una noches se llenaron de narraciones enmarcadas en las que el narrador puede variar de una forma magistral, un ejemplo es la historia del pescador en la que Scheherezade inicia contándole al rey Shahryar los sucesos del pescador, pero luego es el pescador el que toma la palabra y le cuenta al Jinn otro relato y así sucesivamente. Algo muy característico de la antigua literatura sanscrita. Tal vez el capitán Burton supo eso y por ello es que sus comentarios son tan certeros y fundamentados, le ayudó además que sabía muchas lenguas lo cual es maravilloso. Quizá sabiendo todo lo anterior (quizá no) Burton inició su traducción en Trieste (norte de Italia) en 1872, la emprendió con el ánimo ganado en años de experiencia en África y Asia, estaba empapado de todo lo necesario para sentir a Las mil y una noches como suyas y francamente el resultado fue sorprendente.
Lo más llamativo y loable de su obra con las noches es la extirpación de la tristemente célebre expugnación o para usar un término anglosajón "Bowdlerization" de asuntos propios de los relatos como la violencia y el contenido erótico. Gallard y sobre todo Lane ocultaron todo rastro de “depravación” que pudiera existir en los relatos puesto que en unos casos los modificaron y en otros más lamentables los excluyeron definitivamente haciendo alusión a ese "ostracismo literario" al que muchos traductores se ven tentados por motivos políticos, ideológicos o de público. Por el contrario Francis Burton, traductor también del kamasutra- 1883 (más conocido por esta traducción) y de ensayos eróticos no eludió esos temas sino que los profundizó con si igual picardía bien intencionada. De esta manera Burton conformó una traducción mágica, llena de detalles y de entendimiento de las relaciones que se forjan entre los personajes, razón tenía Borges al afirmar que la traducción de este inglés de alma árabe se asemeja a una enciclopedia en donde todos los tópicos son tratados y analizados. Por decirlo de otra manera se puede decir que incluso la vida de Francis Burton bien pudiera estar en esa dichosa antología que tradujo, fue un hombre tan diverso, tan inteligente y tan mágico que imaginarlo al lado de Simbad el marino o conversando con Scheherezade no es del todo un disparate. Quizá por lo anterior es que la traducción de Burton es la más viva y sentida de cuantas se han hecho. Fue única. A partir de 1885 se editaron diez volúmenes de sus noches cargadas de notas explicativas y que iban dirigidas a un selecto grupo de la sociedad inglesa, en total se imprimieron 1000 textos con la condición de no volver a ser reimpresos.
Toda gran vida tiene sus aventuras que merecen ser contadas, pero sin dudas la de Burton es una que destaca en demasía y por ello me agrada la idea de verlo cerca de Alá en mis pensamientos, allá conversando sobre lo que es moral o no en esta sociedad mortal con el único Dios de sus amores. Su recuerdo y trabajo quedaran inmortalizados como las plegarias al ser inmortal de su introducción:
Phraise be to Allah, The beneficent king, The creator of the universe, Lord of the three worlds, Who set up the firmament without pillars in its stead, and who stretched the earth even as a bed, and grace and prayer be upon our lord Mohammet, Lord of apostolic men...(...)




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