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Maus: Más allá del comic


"Sin duda los judíos son una raza, pero no son humanos."

Adolf Hitler.

"La verdad es que Maus es un libro que uno no puede dejar, ni siquiera para dormir. Cuando dos de los ratones hablan de amor, te conmueve; cuando sufren, lloras. Poco a poco, a través de este relato compuesto de sufrimiento, humor y los desafíos cotidianos de la vida, uno queda atrapado por el lenguaje de una antigua familia del este de Europa, y es arrastrado por su ritmo suave e hipnotizador. Y cuando uno acaba Maus, se siente triste por haber abandonado ese mundo mágico..."

--Umberto Eco, escritor.


En el círculo de los amantes como yo de las historietas de pocas viñetas, de comics clásicos y de novelas gráficas (no tanto de aquellos que gustan del manga) Maus: la historia de un sobreviviente sin duda posee un lugar especial por su naturaleza innegable de verdadera obra maestra, de esas que nos enseñan muchísimas cosas y que aportan propuestas estéticas que quedarán para siempre, como lo hizo Joyce son su Monólogo interior o el gran Alan Moore con sus pretenciosas y siniestramente armoniosas propuestas en el comic, Maus es como ese recuerdo que aunque se pretenda olvidar vuelve a resucitar  en situaciones inesperadas; es parte del canon básico de lo comics y como tal todo análisis que se haga quedará (debe quedar) corto ante el inmenso caudal de sensaciones de diversa índole que se suscitan y que van desde el amor, el odio, la ternura, la envidia, la compasión, la tolerancia e intolerancia religiosa, la muerte hasta los problemas de pareja...etc. Aquello que me ha cautivado magistralmente compone el corpus del presente escrito que  también al mismo tiempo es un ejercicio de honor al artista Art Spiegelman, un maestro en la materia que engrandece el valor ya de por sí alto del  llamado"noveno arte".



Un oficial alemán impartiendo ordenes en el campo de
concentración de Auschwitz.
Dicen que el odio de un sector del pueblo alemán hacía los judios inició con la llamada leyenda de la puñalada por la espalda que le atribuía la derrota alemana de la primera guerra mundial al poco interés que los judíos mostraron mientras luchaban bajo la bandera teutona, es más, se hacía énfasis en un complot sionista para hacer más débil a Alemania y así permitir que los aliados se alzaran con la victoria. Utilizaban la ya clásica idea de los xenófobos de que los extranjeros se van a robar el país. (detestable saber que algunos en Colombia piensan así). La verdad es que muchos fueron los factores que ayudaron a germinar ese odio que mal llamaríamos de irracional, puesto que como lo demuestra Hanna Arendt era más racional de lo que se pensaba, muchas son las causas que llevaron a toda una nación a creer que eran los "elegidos" en detrimento de un sector  de la población que había sido activo en la economía y cultura alemana, y en ese momento de odio, de discriminación y de exterminio es en donde nos inserta Art Spiegelman dando cuenta de una notable habilidad para hacernos sentir aunque sea un poco los horrores que vivió su padre y su madre. La historia se compone de un elemento visceral, entrañable y profundamente seco que en varias ocasiones nos deja inmóviles, impotentes de hacer algo y de una dosis de ternura y de valor familiar único, especialmente por la difícil y a la vez hermosa relación que tienen padre e hijo, el uno el que le cuenta la historia y el otro el que nos la hace saber con el formato comic. Cada vez que el padre habla, discute por su enfermedad, su soledad, sus proyectos o su pasado sentimos que una parte de ese padre judío es común en los demás padres del mundo, por tanto el relato se nos hace más familiar, nos involucramos en la trama, nos adentramos en la esencia de la familia Spiegelman. Vladek Spiegelman nos deja la refrescante sensación  de que a pesar de todo ama a "Artie" su hijo, y éste también le corresponde así sea en medio de los insultos propios de la calentura de la discusión, Artie sabe que él es lo último que le queda, puesto que su mamá se suicidó sin  aparente explicación y ni siquiera  una nota dejó y toda la familia de padre y madre fue exterminada casi en su totalidad durante el holocausto y aunque Artie la amaba sin dudas su padre es más especial, más cercano, más amigo. Y aquel es el bello fundamento de Maus, en el fondo se ve una historia de amor, un amor que se vuelve casi una isla en medio de la maquina de exterminio desplegada por el tercer reich.


El comic nos ubica en Polonia, en primera instancia una Polonia de fines de los años 30´ cuando aún no había estallado la guerra, allí vemos a una familia judía más o menos acomodada que inmediatamente después de la declaración de guerra de Hitler se ve amenazada por el odio frenético y veloz  tanto de alemanes como de polacos por su condición de judíos. Esa condición al parecer intachable, es decir, de pertenecer a un grupo social, así no sean practicantes, así nunca hayan leído una linea de la Torá es la que los llevará a las cámaras de gas y a los hornos de  las SS. Injusticia le llamarán algunos, pero ¿cuál es la guerra justa? ¿no es la verdad la primera victima de una guerra? Los nazis desplegaron una propaganda exitosa en aras de acabar con las minorías incomodas y ahí, en ese pesado ambiente de antisemitismo la familia Spiegelman se vio comprometida. Los problemas derivados de esa condición de exilio forzado y algo extraño debido a que es un exilio aún estando en el país de nacimiento configuran un relato desgarrador, único y apasionante que a pesar de ser escrito y dibujado por el hijo de un sobreviviente (Art Spiegelman) y por tanto perteneciente a los llamados judíos de segunda generación post holocausto no pierde esa esencialidad verídica de aquel que ha sufrido los horrores en carne propia. Quizá sea el comic la mejor manera de expresar el horror y la brutalidad mecanizada que significó el holocausto para todo el mundo (no solo para el pueblo hebreo), mejor que un libro impreso con cientos de detalles y fechas es la imagen. El comic es más funcional para este tipo de relatos, la imagen que muchas veces dice más que mil palabras y que si seguimos los postulados de Roland Barthes en su Retórica de la imagen denotan y connotan valores, modas, filosofías y cuestiones subyacentes que amplían el marco de conocimiento del lector, ciertamente Maus es una de esas historias que como reza el título de este escrito va más allá del comic, nos inmiscuye en otros terrenos.



Por otra parte la técnica usada por el escritor es innovadora, hace parte de esa ola postmoderna en donde no existe una linealidad espacio temporal en la historia, el autor puede llevarnos mediante flash backs a sus recuerdos de la infancia, a los recuerdos de su padre,  luego a un tiempo aún más pretérito en donde su abuelo le hablaba a su papá, puede trasladarnos al presente, y lo más destacado: puede jugar con dos historias al mismo tiempo, historias separadas cronológicamente pero estrechas, fuertemente ligadas y con un orden secuencial coherente realmente excelente. Ese ir y venir de voces, ambientes efímeros y diversos, historias y anécdotas que pueden llegar a ser incluso cómicas y las cuitas le dan un cuerpo formidable a un trabajo que trata de organizar un pasado doloroso pero inevitable de una familia que vio y sobrevivió al horror. Algunos dicen que hay un antes y un después luego de la publicación de Maus en el mundo del comic, es una pauta obligada, un referente sin precedentes que marca un nuevo comienzo hermoso, los relatos no son los mismos desde la década de los ochenta, o sino veamos V de vendetta, Watchmen o Batman: the killing joke  de Alan Moore en donde se abordan temas como la condición humana en medio de las dificultades, el rol de cada uno en la sociedad, la opresión de un estado que solo subsiste para proteger sus intereses y demás cosas. Ya no son  súper héroes benévolos con poderes extraordinarios los que llenan las páginas de las historietas buenas, son los dolores, las privaciones, las angustias y las ilusiones  las que más se acomodan a nuestro tiempos, en estos tiempos del comic incluso se llega a recrear de forma brillante la vida de un mortal conocido como James joyce en Dublinés de Alfonso Zapico (comic ganador del premio nacional de historietas en España 2012), el comic ciertamente no volvió a ser lo mismo después de Maus.


Las características fisiológicas de los personajes son bastante llamativas y se nos presentan como un recurso práctico y original a la hora de tratar este tema, vemos pues que los judíos toman la forma de ratones (con toda el significado que representa  en nuestras sociedades ser un ratón, rata), los alemanes son gatos que casi siempre están molestos, los polacos son cerdos, los franceses ranas, los estadounidenses perros, los suecos alces...etc. ¿Por qué dividir a los grupos humanos involucrados en la guerra con características animales? Ciertamente no es para avivar la brecha segregadora entre las nacionalidades, sino más bien se toman como una manera de expresar lo que en ese momento se vivía, cómo se sentían los judíos, cómo los veían los alemanes y como se sentían los alemanes, ¿No es acaso instintivo que un gato ataque a un ratón? ¿Acaso cuando hay disputas entre personas no se dice: "se tratan como perros y gatos"? y los norteamericanos son perros. Quizá ese recurso resulte en primera instancia algo vago y que falta al respeto, pero una vez nos vayamos  familiarizando con los ratones y demás animales  se va comprendiendo que nada está al azar, cada detalle hace parte del engranaje general y creo que es por ello que este relato que no se puede ubicar en un género específico ha sido el único que ha ganado el premio Pulitzer (1992), la distinción más alta que haya recibido un comic. Por otra parte decir que la manera como está dibujado el comic es burda y superficial carece de sentido, pues a mi manera de ver está mejor así, crudo, simple, lleno de significados, mejor aún que aquellos números de marcas reconocidas que rebozan de color y diseños "bien elaborados". Maus como lo dijo su autor nunca pretendió ser un best seller, no se pretendió hacer dinero con las muertes de la guerra, todo fue sincero; creo que ahí está una parte del éxito.


Solo tengo que decir que son los libros como Maus los que nos hacen ver la vida de una manera diferente. Una buena manera de entender y sentir un poco el holocausto puede ser acercándonos a la lectura de este texto, guardando obviamente las diferencias ya que nunca podremos en realidad entender lo que pasó como lo dijo Vladek Spiegelman... fin.





"Un logro sin ruido, conmovedor y sencillo, imposible de ser descrito con precisión e imposible sino mediante el comic"    The washington post



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