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Los diversos condes de Valaquia



Pero las nubes se disuelven en el aire, las flores se marchitan, la arena de nuestros relojes se escurre de manera imperceptible… y así mismo se disuelven, se marchitan y se desvanecen los humanos sentimientos; y con ellos también la felicidad.
Johann Tieck, en No despertéis a los muertos.


Quizá aquella brumosa y lluviosa noche de tormenta literaria en un lugar de Europa fue el punto moderno de partida de una de las más asombrosas aventuras de las letras, quizá y lo digo siempre en términos de posibilidad fue Lord Byron el precursor de los relatos que tanto nos han apasionado en el último tiempo, digo ello puesto que fue él aquel inventor de la dichosa propuesta de contar cuentos de terror mientras la galerna amainaba, el reto fue lanzado en la cabaña oscura en un día de junio de 1816 y entre los asistentes estaban el Dr. Polidori, el poeta Percy B. Shelley  y su esposa Mary Shelley, ellos aceptaron los puntos de Byron y de inmediato redactaron sus  escritos; la noche fue fiel cómplice de la técnica de creación. Siempre me he imaginado esa reunión siniestramente artística de aquellos escritores bajo la fría lluvia de los Alpes, allá pensando en qué podría ser más impactante, fresco y fantasmagórico para ganar (ha sido un pensamiento recurrente en mí)… tenían algo a favor para salir  airosos de la propuesta y era el ambiente en el cual vivían, el romanticismo estaba en pleno auge en las artes; se originaban pinturas deliciosamente oscuras como las del gran Friederich Gaspar, versos como los de Black, Byron, Goethe y Victor Hugo y músicas geniales, todo era más válido en aquellos tiempos de desapego de la rancia aristocracia decadente europea, eran también tiempos de soledad, por tanto pensar en una opción literaria de terror estaba cocinándose en las ollas de lo sublime desde hacía algún tiempo. Aquella noche saldría de su sarcófago para ser eterno de una vez por todas la criatura más emblemática del terror contemporáneo, el vampiro.  


No sería El vampiro de Polidori, así algunos digan que el verdadero autor es Byron el “producto acabado” de la criatura legendaria, pero si sería el gran inicio, algo así como la semilla que mejor germinó, tampoco sería Carmilla de Le Fanu (obra sin dudas trascendental) o Berenice  de Allan Poe, ni  La muerta enamorada de Théophile Gautier o Vampirismo de Baudelaire que es un corto e intenso poema, borrascoso y bello parecido a Berenice y que a mi manera de ver tiene una versión criolla con Silva, no serían ésos ni otros muchos sombríos y admirables relatos de vampiros como el olvidado No despertéis a los muertos de Johann Ludwig Tieck (siglo XVIII) los que encumbrarían a los chupa-sangre en el “sancta sanctórum” de la literatura universal, sería como es conocido por muchos un autor irlandés muy bien documentado el encargado de hacerlo con credenciales brillantes de líneas casi eternas, me refiero al conocidísimo Bram Stoker, a él se debe todo el atorrante nivel de informaciones vampíricas que fluyen  en la actualidad por la literatura, el teatro, la música (ver Liliths returns, Ancient, Black Metal), cine…etc. Si el escritor irlandés supiera lo que hizo creo que estaría igual o más asustado que Harker en el castillo del conde Drácula y a lo mejor se pondría bravo puesto que se daría cuenta que otros sujetos estarían haciendo dinero con su obra, denarios que no le fueron abundantes en vida como bien saben aquellos que se han acercado a las biografías del escritor irlandés. Eso y sin contar con las deformaciones a las cuales ha estado sujeto el personaje principal de su obra, el mejor término sería involución a mi juicio para referirme a dicho caso.

Quisiera no adentrarme en las especulaciones que se hacen sobre el también famoso Vlad Tepes, más conocido como “Vlad el empalador”, llamado así porque al noble le gustaba atravesar vivos a sus enemigos con una larga estaca, así como un pincho mientras mojaba la sangre con el pan y lo ingería ;) de ahí viene el “Tepes”, y no quiero hablar mucho de él porque ya lo han hecho varios. Gracias a ese conde de Valaquia cientos de investigadores han acusado similitudes de comportamiento con el Drácula de Stoker, la mayoría dicen que Drácula es una transposición de Vlad Tepes a la literatura, y argumentan y argumentan y seguirán argumentando a favor, mientras que otros dicen que no es así, los descendientes de Stoker están en esa postura. De cualquier forma para mí poco sirve la referencia histórica verídica del noble rumano al momento de escribir esto, yo quiero ceñirme al personaje literario exclusivamente, aquel al que han acudido muchos autores dentro de los cuales figura Carlos Fuentes y  que ha creado Bram Stoker, el uno con su Vlad y el otro con su conocido Drácula además de un libro que muy pocos conocen dentro del publico profano pero que he podido obtener llamado Jonathan Harker, Diario de Transilvania. Marzo a noviembre de 1986, se trata de un libro editado recientemente por Tony Mark y que según él fue escrito por Stoker (cosa que no se ha comprobado) en un momento previo a la publicación de Drácula, dicho diario da una idea mucho más global y erotizada del relato stokeriano. Es a partir de los mencionados trabajos de los autores señalados que me voy encausar.


 Un conde, una identidad


Solo la fuerza sostiene al poder y el poder exige la fuerza de la crueldad.
Palabras del conde Vladimir Radu en Vlad de Carlos fuentes.


Si fue en realidad un conde o no para los estudiosos del folklor transilvanesco poco importa en mi caso, puesto que yo asumo que de hecho lo es, el conde de Stoker es un hombre de la nobleza rumana ya viejo, carcomido por los años, flaco, bigotón, con mal aliento, poseedor de un hedor terrible, altivo conocedor de geografía, de lenguas vivas y no vivas, artista innato en el arte de seducir,  estadista frio, fuerte como un toro adulto y sediento de sangre. El vampiro de Fuentes que llega a la Ciudad de México  proveniente de los Cárpatos es también un conde, precisamente de Valaquia, viene acompañado de la “Mierda del vampiro” o sea, tierra maldita de los bosques Cárpatos, tiene las orejas puntiagudas tal y como las tiene el vampiro de la cinta alemana Nosferatu de los años 20’ que fue dirigida por  F.W Murnau, usa peluca y gafas oscuras, es pálido, delgado, tiene dedos y uñas largas y su cuerpo es blanco como el hielo de los páramos, interprete exquisito de Chopin con el piano, es inteligente y fino timador; más adelante se sabe que la razón por la cual usa gafas es porque el vampiro “rumano-mexicano” carece de ojos, ¿y por qué usa peluca? Pues porque es calvo, como todo buen vampiro clásico debe ser. Sobra decir que tanto el conde Drácula como el conde Radu sufren de fotofobia. Vemos pues una clara similitud entre las dos criaturas de la noche, semejanza que me encanta en demasía. Pero hay diferencias, y la más curiosa para mi es la del gusto de una lengua diferente en detrimento de otra (es casi obsesivo), por ejemplo Drácula siempre le pide a Jonathan Harker que le hable en inglés mientras esté en el castillo y no en rumano o alemán, mientras que el conde Radu se siente más cómodo hablando con Yves Navarro en francés que en Español o que en la lengua de los “bárbaros” como la llama, o sea el inglés, al respecto el jurisconsulto Eloy Zurinaga (aliado de Radu) dice:

Imagínese, estudiamos juntos en la Soborna cuando el derecho, así como las buenas costumbres, se aprendían en francés. Antes de que la lengua inglesa lo corrompiese todo- Concluyó con un timbre amargo. Pág 13.

Otra diferencia que me encanta es que al final el uno vence (Radu) y el otro fracasa (Drácula), ¡No siempre tiene que ganar el bien por favor! Lo cual es un gran componente de justicia contra el “mal”, ahora también hay que señalar similitudes. Las semejanzas entre los dos monstruos-genios han sido bien recibidas por la crítica un poco conservadora del vampiro original (como yo) Guillermo del Toro, el director mexicano de cine y creador de una bien lograda saga de monstruos de la noche llamada Nocturna, alabó el rescate que del vampiro hizo Fuentes en su Vlad, dando a entender que en tiempos de variedades y de trasformaciones banales sobre la figura del vampiro que no llevan a nada es sano volver a las raíces, a la fuente primaria que es más misteriosa, oscura y si se quiere seductora, me uno a ésa opinión. ¿Pero qué es lo mejor de las novelas? ¿Qué toque especial tienen? Sin ninguna duda, el personaje central, bien sea Drácula o el conde Radu, dejando a un lado lo que simbolizan, hacen, deshacen con todo y sus vacíos, contradicciones, sus transformaciones en lobos, perros o murciélagos (he ahí lo lindo de estos chupasangre de la vieja escuela) creo que lo eterno, lo inmanente es su parte irresistible de la historia, aquello que hace que las mujeres y hombres se sientan atraídos a ellos y a las vampiras (como las del castillo de Drácula). Sí, son feos, viejos y todo lo demás… pero son irresistibles e imposibles de ignorar, hasta tal punto que sus “victimas” caen hipnotizadas por ellos y sus deseos siempre se enfrascan en estar haciendo lo “prohibido” en compañía de dichos seres que los tientan. Van Helsing, aquel holandés anciano y sabio atribuyó ese mal a una enfermedad conocida como La enfermedad del vampiro. Los momentos más intensos de ese mal son durante el sueño.

Jonathan Harker se tumba sobre un viejo y empolvado sofá que está ubicado en una olvidada habitación del castillo y sueña:

Yo permanecí quieto, mirando bajo mis pestañas la agonía de una deliciosa expectación. La muchacha rubia avanzó y se inclinó sobre mí hasta que pude sentir el movimiento de su aliento sobre mi rostro. En un sentido era dulce, dulce como la miel, y enviaba, como su voz, el mismo tintineo a través de los nervios, pero con una amargura debajo de lo dulce, una amargura ofensiva como la que huele la sangre.

Notas correspondientes a la mañana del 16 de mayo.



Y si a mí me preguntan qué ocurrió en ésa escena del castillo, yo lo digo sin titubeos: Ellas, de una beldad increíble no lo mordieron porque Harker no se convirtió en vampiro sino que lo hipnotizaron y se apoderaron sexualmente de él. Así de sencillo, tal y como después lo hizo Drácula con Lucy. Es solo una interpretación, aún sabiendo como varios lo han consignado que la interpretación es la venganza que se toma el intelecto sobre el arte. En estos vampiros de la vieja guardia el apetito sexual va de la mano con el de la sangre, es parte de su original identidad. Aparte de todo el acto de succionar la sangre para revitalizar el cuerpo del vampiro trae como consecuencia el traspaso de una personalidad a otra, es decir, la bestial personalidad vampiresca pasa a formar parte de la víctima (incluyendo el afán sexual) de ahí que muchos de los nuevos transformados por no decir todos repitan lo mismo que hicieron sus victimarios: asesinar niños, como lo hizo Lucy siguiendo la conducta de Drácula quien gustaba mucho de matar infantes, volverse transparente, seducir con mentiras bastante convincentes y coquetas… y de pronto hasta poder transformarse en criaturas salvajes como el maestro.

Tony Mark En su libro narra otra historia que ocurrió en la misma escena del castillo en donde las mujeres se encontraban en pleno coito con Harker y fueron interrumpidas por Drácula, quien en un alegato homosexual les recriminó: Atrás les digo a todas, ¡Este hombre me pertenece!. Tony Mark Nos trae otra versión que sin dudas es más acentuada en lo carnal, ahora bien, si eso lo escribió Stoker o no… vaya uno a saber, la notable diferencia es que en vez de las mujeres anteriores ahora son hombres, unos gitanos:

En una fracción de segundo, los tres me inmovilizaron sobre la cama; era prisionero de sus abrazos. Johann me sujetaba el torso sin parar de hacerme cosquillas en los pechos con la otra mano. El gitano, con puño de hierro, me aferraba la pierna izquierda, y el joven rubio me sujetaba la derecha. Fue entonces cuando descubrí erguido, al pie de la cama… al conde Drácula, desnudo él también, que se mantenía inmóvil, con su largo y pesado sexo colgando entre sus muslos, mirándome con ojos de deseo (…). Pág 26. (Y lo que sigue ya se lo imaginarán).

Y por si no fuera bastante con lo anteriormente expuesto, Fuentes ha querido revalidar aquella vieja condición imponente propia de aquellas criaturas, solo que esta vez es más impactante, malévolo y algo atrevido. Ya no son hombres o mujeres adultos los que sufren los calientes síntomas post-mordida que son casi inevitables, nos encontramos ahora con niñas poseídas por ese macabro fuego interior que el vampiro les ha impuesto, en este caso Vlad (Radu). Un ayudante de Radu, jorobado y enano besa los descubiertos senos juveniles de una niña de diez años llamada Minea mientras Yves Navarro trata de apartar a su hija de tan grotesca y repudiable escena, no obstante la niña que ya ha sido mordida le recrimina a su padre: Déjame jugar a gusto. Para apaciguar los ánimos Borgo, el aparente abusador despreviene a Navarro para con su hija diciéndole:

No se preocupe Monsier Navarro. Mi amo no me permite más que esto. Il se réserve les petits choux bien pour lui.

¿Qué se puede pensar al respecto? ¿Qué los niños también se corrompen por los actos de un vampiro?, el conde Radu diría para su justificación que los niños son como un Dios inacabado, es decir, él los completa con su oscura obra, y por eso sus víctimas son niñas a las que hace eternas para que sean sus esposas, según él maduran en pensamiento y destreza corporal, pero a la final siguen siendo niñas (el estado perfecto), ése siempre ha sido su objetivo. Basándonos en lo que comúnmente pensamos acerca de la inocencia de los niños y de que ellos emprenden muchas acciones sin dobles intenciones maléficas entonces podríamos pensar que el vampiro de Carlos Fuentes es mucho más malvado que el de Stoker, pues abusa de seres más indefensos. Pero ahí viene la otra arista de este interesante juego de relatos. Resulta que el conde Radu no es más que una víctima de Minea, la niña eterna de diez años que en realidad sería la propagadora de aquellos vampiros caza-infantes, pues fue ella quien convirtió a Radu en vampiro mientras éste se moría en una catacumba a la cual había sido condenado por la iglesia, la niña se le acercó desnuda y le dijo para sellar el sangriento pacto:

Te ofrezco la vida eterna, somos legión.
Y acto seguido lo mordió.


¿Quién es el abusador ahora la niña o Radu?, solo resta decir que Carlos Fuentes ha escrito un gran relato que renueva el género que durante años ha estado atolondrado en cánones cinematográficos  y marketineros.  Si el Drácula de Stoker es una obra maestra que combina todos los relatos decimonónicos en uno solo bien podría pensar que Vlad la complementa eficazmente, adhiere a la obra del escritor irlandés nuevas cuestiones que inicialmente no estaban del todo claras o que si se mencionaron fueron pasajeras, especialmente aquello que tiene que ver con el folklor de Transilvania, pues son las creencias de las gentes de esa zona las que delimitan la construcción de la figura oscura de la criatura. Se habla de los temibles Moroni que en ocasiones hacen referencia a un ángel malvado y que en otros relatos aparecen como criaturas de la noche que se convierten en gatos, saltamontes o arañas para realizar sus fechurías. Están los vengativos Nosferatu que son hijos de dos bastardos dados a los carnavales sexuales desenfrenados y que cuando mueren reviven de sus tumbas y adquieren las formas de perros, mariposas o escarabajos. Hablamos de los fantasmagóricos Varcolaci que se relacionan con las almas en pena de los suicidas y que salen al caer el día de sus moradas para alimentarse de humanos, tienen la habilidad de morder sin causar heridas, son pálidos y en otros relatos se cuenta que su origen empieza cuando los niños muertos no han recibido el bautismo y finalmente tenemos a los repugnantes Lúgosi quienes se entregan a orgías necrofílicas en los cementerios o lugares escondidos, son muertos vivos y al parecer nada los motiva más que realizar actos que a los ojos de una persona del común parecen asquerosas, se identifican porque tienen patas de gallina. Y como los anteriores hay cientos de criaturas transilvanas que alimentaron la idea del vampiro, aquel que reúne todo lo importante de cada ser. Para mi es el más completo de todos.

Lo esencial permanece, se fortalece o también se degrada (algo más común)… no obstante deja sus marcas, aquellas que podemos rastrear si nos enfrascamos en el estudio de los vampiros con detenimiento, no del mismo modo como lo hacen las personas que creen ciegamente en ellos, yo los veo más del lado literario del asunto, más como una afortunada creación de nuestro enorme pensamiento. Eso son. Por eso me he atrevido a postular como lo han hecho varios autores (anglosajones principalmente) dos categorías que al parecer son recurrentes en muchos relatos, no son algo definitivo, puesto que nada lo es, ni siquiera los vampiros son eternos… basta una estaca en el corazón o una bala en la cabeza y lista la cuestión.

En dichas criaturas  hay atracción y metamorfosis, ésos dos conceptos son poderosas esencias de los relatos vampíricos, a partir de allí se van tejiendo sucesos de diversa índole que pueden estrellarnos con más de una sorpresa. Por ejemplo en  Jonathan Harker, Diario de Transilvania. Marzo a noviembre de 1986 nos impresionamos al ver a un Drácula diferente en varios apartados del libro, no todo fluye tan siniestramente en su plan de apoderarse de Londres como si lo hace en el Drácula oficial de Stoker, y así advertimos que al principio se presentaba como un ser grotesco, dado a sus carnavales dionisiacos con más hombres que mujeres y al final nos sorprendemos al saber que Drácula termina ayudando a sus iniciales contrincantes en la lucha entre éstos y el malvado Van Helsing y el Dr. Seward. ¿Malo Van helsing y bueno Drácula? Nada está eternamente dicho en esta vida, el caso es que el conde se metamorfosea de un sujeto malo y decidido a uno consejero y “buena gente”. Y de casos de metamorfosis podríamos seguir hablando, el más claro, el que sufre la victima cuando pasa a formar parte de las tinieblas… casi que todo rastro que nos hace humanos (o al menos algo parecido) desaparece con la mutación…etc. El vampiro se transforma, se mueve y adquiera la forma que pretende para lograr sus fines, es fino en sus movimientos, la edad es lo de menos pues cada quien escoge la edad que prefiera. Por eso siempre serán atrayentes. Una de las protagonistas del relato de Fuentes dice en su ya vampiresca condición:

Gozo con Vlad, es un hombre que conoce instantáneamente todas las debilidades
de una mujer. Pág 76.
                                                                         

Mutación y atracción van de la mano, la una posibilita a la otra, crean una trampa de la cual no es fácil salir avante y en manos de un vampiro viejo y que ha pulido su mortal técnica como Radu o Drácula, es casi que un duelo perdido el enfrentarse en paridad de condiciones a ellos. Ellos nos necesitan y nosotros ignoramos su existencia, pero invariablemente andan atalayándonos desde lugares insospechados, nunca improvisando en sus movimientos, siempre yendo donde es más fácil debilitar un elemento… perpetuamente están ahí observándonos como el dios de los judeo-cristianos, en la tiniebla, en la espesa sombra todo lo sabe y lo piensa... casi nada se deja a la eventualidad. Por eso Fuentes escribió estas palabras memorables:

“Quizá, como el vampiro, Dios es un ser nocturno y misterioso que no acaba de manifestarse o de entenderse a sí mismo y por eso nos necesita. Vivir para que Dios no muera, cumplir viviendo la obra inacabada de un Dios anhelante.”


Aunque debo admitir que a veces las analogías con el dios judeo-cristiano poco me gustan con respecto al vampiro porque como dice  Fernando Vallejo: Dios abarca tanto que a la final no abarca nada. Quisiera creer que el vampiro, el de la literatura si llega a ocupar varias cosas.


Fin


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