¿Alguna vez se les ha ocurrido pensar que algunos prólogos suelen ser tan intensos y profundos como los relatos de los cuales tratan? Incluso a veces me hago a la idea de que en tan poco espacio, digo, el de los prólogos se consigue en muchos casos enamorar, distraer o aburrir al lector de una manera más rápida y agresiva de lo que lo hacen los relatos.
Pensé en esa conjetura una y
otra vez al leer varios prólogos de libros excelentes, por ejemplo, se me viene
a la cabeza el prólogo de Nelson Romero Guzmán en Baladas para el ausente del profesor Jorge Ladino Gaitán, en el
prólogo extraordinario que hace Mario Vargas Llosa de la edición de El Quijote de la Mancha hecha por la
Real academia de la lengua española y que termina de una forma magistral con
estas hermosas palabras: “ Pero a la
distancia, en nuestra memoria de lectores de su epopeya novelesca, ellas se juntan
y se funden y son “una sola sombra” como la pareja del poema de José Asunción
Silva, que retrata en toda su contradictoria y fascinante verdad la condición
humana”, en el prólogo escrito por el maestro William Ospina para la
editorial Norma acerca de la obra de José Asunción Silva y que se llama Lo que Silva vino a cambiar, en el
cautivador y siempre añorable prólogo de Rafael Maya en María de Jorge Isaacs editada por Bedout, en los embrujados y
deliciosos prólogos de José María Valverde sobre las tragedias de William
Shakespeare de una compilación de tapa dura y negra hecha por él mismo llamada “Tragedias”,
en el prólogo hecho por Jorge Ariel Madrazo de Sir Gawain y el caballero verde en el cual nos da una idea clara
del contexto de la obra, entre otras cosas
o finalmente en el corto (tres cuartillas) y melancólico prólogo de
Fabio Rubiano Orjuela de Opio en las
nubes de Rafael Chaparro, en el que se deja entrever una tristeza por la
pérdida del escritor bogotano que en buena medida preludia lo fugaz y lo triste
del relato. Y como los anteriores hay cientos de buenos prólogos que quizá por
su condición de ser prólogos no nos llaman la atención por considerarlos en
muchos casos como “meros instrumentos de acercamiento al texto”, para mí hay
algo más que yace oculto.
Sí bien el prólogo en la
mayoría de veces está permeado por los sentimientos a favor del prologuista
sobre el texto, esto no hace que su genio como propiciador de una buena lectura
para el potencial lector esté completamente cegada, por eso digo que en un
prólogo hay algo que yace oculto, y es una interpretación bien pensada del relato (al menos en los buenos prólogos);
de los anteriores prólogos que consigné quizá el que más se ajuste a ese
criterio sea el del maestro William Ospina en su prólogo de la obra de Silva.
Pero bueno ¿quién soy yo para juzgar sí un prólogo es bueno o malo?, si en el
caso en que me pusieran a prologar un texto no tendría ni idea por dónde
arrancar, a fin de cuentas sería malo. Y ¿entonces por qué estoy escribiendo
esto, por desparche quizá? A lo mejor, pero no creo, es una idea que se me ha
ocurrido con fuerte razón y veo que esta es una buena oportunidad, es como ese
volcán que está punto de hacer erupción y que espera y espera hasta que ¡Pum!,
arrasa hasta con la abuela de Tarzán.
Investigando un poco sobre
el origen de los prólogos y demás cosas bla bla bla (¡Eso es estar muy
desocupado en esta vida, pensará usted, y no lo juzgo!) me encontré con varias
cosas que a continuación quisiera dar a conocer:
Para empezar, el prólogo
puede ser escrito por el mismo autor de la obra (por ejemplo el prólogo escrito
por Shakespeare en la antesala de Romeo y
Julieta) o bien puede ser escrito por otra persona, personalmente me
agradan mucho más los libros prologados por otros (tienen un sabor diferente) y
tiene como fin darle sentido al relato mediante diversas estrategias, ¿cuáles?
No sé, pero se me hace que ahí es donde reside la importancia de un buen prologuista…
esas pequeñas dosis de magia que luego son arrojadas artísticamente a la
marmita humeante que el taumaturgo está preparando son eficientes y bellas.
También me encontré con una página anglosajona que da ciertos tips, entre ellos
me da risa ese que dice: “don´t use
humorous language”, lo cual según los cánones me elimina directamente. Otro
punto dice: “Overall, be careful. The
prologue, when used effectively, can enhance the story and further your plot in
a creative way; however, when used ineffectively, it can put readers off.” Lo anterior viene siendo casi lo mismo
que dije al principio, solo que de manera un tanto diferente.
Total, creo que seguiré
leyendo prólogos (sí lo hay, porque hay libros que carecen de él) y también me
seguiré preguntando el por qué seré tan malo para crear uno (una vez en el colegio se me pidió hacer uno,fatal), quizá no nací para
ello.


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