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Mi nuevo "santo", al que le pondré velitas 


Tenía hasta hace poco solo a unos cuantas personas que eran objeto de devoción, veía bien difícil que aquel número de personalidades se incrementara... pero el milagro se dio. Contaban y cuentan entre estas personas individuos de la talla de William Shakespeare, Fiodor Dostoyevsky, José Asunción Silva, Ayrton Senna y en menor medida C.W Ceram y J R R Tolkien, éstos dos últimos más por su genio en las obras que sacaron adelante que por sus personalidades. Pensándolo bien, creo que también mi finado abuelo  paterno podría acercarse a ser un "santo" de mi devoción, pero algo no me ha dejado hasta el momento subirlo a mi loco y entretenido panteón, quizá en un futuro lo sabré. Lo que iba a acontecer no lo presagiaba, ni siquiera un atisbo de luz sobre lo que venía lograba presentir, un nuevo personaje digno de mi admiración loca estaba a punto de ingresar por la puerta grande y  eso se lo debo a la Nueva gramática de la lengua castellana, que a parte de sacarme unas cuantas canas creo que de algo tuvo que haber servido para efectos de incrementar mi panteón. 

El hagiógrafo y empedernido Fernando Vallejo me contagió la afición sobre Don Rufino José Cuervo, un santo al que él ha canonizado en su libro, pues según palabras del escritor nacido en Medellín "más vale un santo mío que cuatro mil de la iglesia"; ¡estoy de acuerdo con usted señor Vallejo! ¡Qué calidad de señor el que usted ha llevado al panteón!, mucho mejor que esos cientos de limosneros que canonizó Wojtyla (más conocido como Juan Pablo II). Los méritos de Cuervo han sido por mucho superiores a los de millares de personas que hoy pisamos este planeta y de paso lo embarramos con nuestras chambonadas (personas como yo, por ejemplo). Cuervo fue un grande entre grandes, su pulcra personalidad hoy asusta y más si pensamos que venía de un país como Colombia, sí Colombia, la misma del holocausto del palacio de justicia en el ochenta y cinco, la misma de los muertos en Bojoyá, la misma de la guerra estúpida de los mil días que desencadenó en la separación de Panamá, la misma que tiene como capital a Bogotá y cuyos habitantes han elegido como alcalde en tres oportunidades a unos ineptos, la misma Colombia que permite que los niños se caigan en las alcantarillas porque no hay tapas para cubrirlas, la Colombia que posee un gobierno que en medio de su idiotez dejó perder mar...etc. ¿No resulta heroico que un hombre como Don Rufino José Cuervo se haya destacado como uno de los grandes siendo de este país? Al menos Silva se mató y de paso se libró de sus deudas (de su país), pues no pertenecía a este mundo, digo a Colombia. Pero Don Rufino, un hombre como no hubo ni habrá en Colombia optó por irse del país hacía la entonces capital del mundo: París. Para así librarse de tanta chambonada que desde tiempos inmemoriales se apodera de este territorio "del sagrado corazón de Jesús". Él, Cuervo, es a partir de ahora un santo de mi devoción ipso facto.

El Diccionario de régimen y construcción de la lengua castellana empezado por San Rufino José Cuervo Urisarri (el último apellido es vasco) y terminado en 1994 por el instituto Caro y Cuervo es una obra magistral, una obra colosal al pie de la diminuta Nueva gramática de la lengua castellana de la cual estaba asustado, es que definitivamente uno en esta vida no deja de sorprenderse. Vallejo dice en El cuervo blanco que dicha obra aparte de ser un diccionario es una gramática al mismo tiempo ¿cómo puedo esto ser posible?, pues sí, mirando en la web algunas páginas de la obra magna de Cuervo uno se encuentra con que ese santo era un loco, loco como el Quijote, pero si me apuran diría que más brillante que el personaje de Cervantes. Por tanto no es gratis que Vallejo le haya puesto como título a su obra "El cuervo blanco" ¿cuándo han visto ustedes a un cuervo blanco? Rufino Cuervo era el cuervo blanco dentro de los negros, que en otras palabras quiere decir esto : era o es el único que vale la pena dentro los colombianos (los cuervos negros). Además hablaba inglés, francés y... portugués  <3. ¡Grande Cuervo!

El santo bogotano no pudo concluir su trabajo porque sus achaques de salud al final de su vida no se lo permitían, además no contaba con los recursos necesarios para seguir adelante con tan magnánima empresa...  y si a lo anterior le agregamos que los ministros de dios... los curas y de ahí para abajo a cada rato lo molestaban con su cuento del diezmo, es que por experiencia propia digo que si hay seres más limosneros y sin vergüenzas en este mundo esos son los curas y sus seguidores, parecen aves de rapiña. Pero Rufino José Cuervo, al menos el que nos trae al presente Fernando vallejo "el hágiografo" fue un católico practicante bondadoso, bastante, !pero qué más da! ¡Ese señor fue un genio! y además para ponerle más pasión a la cosa un escritor llamado Juan Gustavo cobo sentenció : "Rufino José Cuervo es el bogotano que le enseñó castellano a los españoles" ¡magistral!. Un personaje que pudiendo ser un "trepador" por su procedencia "burguesa", entiéndase "trepador" por político, decidió encaminarse por la academia y sus pobrezas puesto que quien se dedique a escribir diccionarios y libros de gramática está destinado a la pobreza como lo atestiguan sus libros de contabilidad no da más que para elevarlo a los cielos que tejemos los mortales, él está más allá de dios, más allá de mí y vivirá por siempre a partir de este momento en mi santoral. Don Rufino José Cuervo es mi nuevo santo al que le pondré velitas. ¡Bienvenido a este parche de locos!




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